Archivo | octubre 2013

Después de la cárcel, un canto a la vida

Salir de la cárcel es una oportunidad para rehacer la vida. Y qué mejor manera de hacerlo que estar junto a la familia, tener un trabajo digno y mirar el futuro con optimismo. Esta es la historia de una de las mujeres de la Fundación a Mano, quien aprovecha y disfruta estar de nuevo en libertad.

Peter Ramírez. 28/10/2013

Hoy, tiene muchos motivos para sonreír. Recuperó la libertad, comparte los días al lado de su familia y puede mostrar sus habilidades en el trabajo que realiza. Pero, algún tiempo atrás, una amarga experiencia le quitó por unos días la sonrisa de los labios: estuvo encarcelada cinco años y tres meses.F-Bordado-a-Mano--RC-06

Rubiela Carvajal, a sus 52 años de edad, ha vivido muchos momentos duros, pero siempre se ha mantenido fuerte, optimista y ha luchado por su familia. El golpe más doloroso que ha recibido fue cuando la capturaron en su casa y delante de su familia. Ese día, su sufrimiento fue causado, más que nada, por tener que separarse de su hijo y sus tres hijas e irse a prisión con la incertidumbre sobre quién los cuidaría mientras ella no estaba.

La tercera fue la vencida

El camino que la llevó a la cárcel empezó en el 2006, cuando vendía dulces y cigarrillos en las calles del centro de Medellín. Ella vivía con sus hijos en un inquilinato del sector, en el que pagaba 10 mil pesos diarios. Las deudas y la dificultad para mantener a su familia le hicieron aceptar una propuesta que finalmente la llevaría al encierro. “Un día una compañera me dijo: ‘usted que es boba, yo veo que está muy necesitada. Trabaje como yo.  Yo le pregunté: ‘¿usted en qué trabaja?’ y ella me dijo: ‘vendiendo droga’”. Desde ese momento, Rubiela comenzó a vender bazuco y a obtener mucho más  dinero del que conseguía vendiendo chicles. “Me iba bien, yo me ganaba entre 120 y 130 mil pesos diarios y trabajaba desde las 8 hasta las 6 de la tarde”.

A pesar de que sabía los riesgos que tenía vender drogas, se sentía feliz porque podía pagar el hotel, la comida y comprarles ropa a sus hijas. Lo único que la hacía sentir nerviosa era cuando veía a ‘los verdes’. “Pero qué se va a hacer, si yo tengo la responsabilidad de no dejar aguantando hambre a mi familia”, afirma.

Con su nueva mercancía se fue a vender a Barrio Triste, donde además del bazuco, el cual costaba entre mil y dos mil pesos, vendía cigarrillos, vino, alcohol y el “cuero”, el papel que sirve para armar el bazuco o la marihuana.  F-Bordado-a-Mano--RC-03

Cuando llevaba tres meses vendiendo droga, la capturaron por primera vez. “Un día yo saqué una bolsita y de ahí cogí algo y se lo di a un muchacho que me estaba comprando, y cuando iba guardar la bolsita llegó la policía y me capturó”. En la bolsita tenía 14 bazucos. Al otro día, en la audiencia, le otorgaron la libertad condicional y le impusieron una multa.

Esa experiencia no influyó para que dejara de vender drogas. Las deudas,  la necesidad, el dinero fácil le animaron a continuar su peligrosa aventura. “Siempre pensé que me cogían y me iba a soltar, era como un juego”. Y así fue, pocos meses después, fue otra vez capturada, pero, tras el aplazamiento de la audiencia aplazada, fue dejada en libertad.

En el 2008, la policía la encontró otra vez vendiendo bazuco. De nuevo, la dejaron en libertad y otra vez su audiencia quedó aplazada. Pero ese juego del gato y el ratón no iba a durar para siempre. Después de su tercera captura, ella estaba segura que no le iba a pasar nada, inclusive le insistía a su abogado para que le avisara cuándo tenía que presentarse a la audiencia.

La captura

Un día, al llegar a casa, su hermana le contó que la habían llamado de la Fiscalía y que debía devolverles la llamada.  “Yo pensé que era para decirme qué día me tocaba la audiencia. Entonces, llamé preguntado que si me necesitaban por lo de la audiencia. Ellos me preguntaron que yo dónde estaba, que les diera la dirección, y que no me moviera. Yo les dije que aquí los espero”. La audiencia en donde le habían determinado la orden de captura ya se había hecho y ese día fueron para llevársela a la cárcel. Rubiela fue sentenciada a 60 meses de prisión, pero logró que se la rebajaran a 51.

Sobre el día que la detuvieron recuerda que lloró mucho y que al despedirse de sus hijos le dijo al mayor que cuidada a las niñas. El sufrimiento para ella era por perder a su familia y la angustia por pensar que se iban a quedar sin un hogar. Después de la captura sus hijas, menores de edad, fueron entregadas al ICBF y meses después, se fueron a vivir con una de las hermanas de Rubiela.

Amor por la familia

Rubiela nació en Andes, Antioquia. Cuando tenía dos años, su padre abandonó el hogar y dejó sola a la madre en la crianza de los hijos. Desde pequeña le ha tocado trabajar, y solo pudo estudiar hasta cuarto de primaria. A los 8 años de edad, su familia se vino a vivir al barrio Manrique, “me tocó pedir de puerta en puerta sobraditos”, recuerda de esos primeros años en Medellín.F-Bordado-a-Mano--RC-01

A los 18 años conoció a un hombre, con el que tendría tres hijos, el que la abandonaría antes de que naciera el tercero. Desde entonces, ella sola tuvo que criar a sus hijos.   “Los levanté trabajando en casas de familia. Pasamos muchos  problemas económicos, a veces les tenía dinero para el estudio y otras veces no”. Después conoció a otro hombre con el que tuvo una hija y del cual se separó, quedando otra vez sola a cargo de sus pequeños.

Cuando vivía en el barrio Santo Domingo, Rubiela fue obligada a abandonar su casa.  “Yo tenía una chazita donde vendía confites y cigarrillos, y un día un hombre me vino a comprar un cigarrillo y en ese momento ahí mismo lo mataron. El que le disparó me dijo, que me abriera o sino me pasaba lo mismo”. Ella salió del barrio con sus hijos de inmediato, dejando todas sus pertenencias y se fue a vivir al centro de Medellín. Así fue como llegó a vivir en el inquilinato hasta su captura en el 2008.

Valorar la libertad

La primera noche que ella pasó en la cárcel sufrió mucho.  “Me puse a llorar y pensaba en mis hijas y el lugar donde se iban a quedar”, recuerda. Pero el resto del tiempo de la condena no fue ningún problema, se adaptó rápidamente al encierro  y aceptó el castigo. “Yo soy consciente de lo que hice y el estar en la cárcel yo me lo busqué. Si uno hace una cosa mala, uno sabe que la debe pagar”, asegura.

Sobre los cinco años que pasó en la cárcel dice que ni los sintió y que la rutina en prisión tampoco la afectó. “La vida encerrada no es ni tan maluca ni tan feliz. La vida allá uno misma se la hace. Uno tiene que portarse bien para no tener problemas con la guardia o que le sumen la condena, o le quiten la condicional, uno debe de ser aplicado y decente”. Es más, para ella ese tiempo en la cárcel fue toda una bendición, porque como asegura, “uno aprende a valorar más a los hijos, a las personas, a la sociedad y a uno mismo. Y se da cuenta de que la libertad es muy bonita”.

Rubiela tomó la cárcel como una verdadera oportunidad de cambio y de seguir sonriéndole a la vida y no le importó el mal humor de sus compañeras de prisión o el silencio y la nostalgia que se vive en el encierro. Por eso, de vez en cuando se ponía a cantar. “Me acuerdo que algunas decían ‘miran a esta, encerrada, y cantando y riéndose’. Yo les decía ‘bueno muchachas, no vamos a pensar en nada, vamos a reírnos, a charlar a contar cuentos”.

Pero lo mejor que le sucedió en la cárcel fue la oportunidad de trabajar, porque así pudo obtener dinero para enviar cada mes a su hijos, tener derecho a rebaja de pena  y aprender el ensamble de chapas, oficio que también le ha servido para trabajar después de quedar en libertad. Rubiela trabajó para Industrias de Acero IDEACE, ganándose 75 mil pesos semanales.

Nuevo trabajo, nueva vida

Para ella, la familia es lo más importante  y desde que a los 24 años tuvo a su primer hijo, ellos han sido su prioridad y son la fuerza que hoy la hace dejar atrás su pasado y tener un trabajo digno.

Hace unos meses, aprovechando las 72 horas de permiso para salir de la cárcel, se fue para donde el juez y le solicitó que le diera la libertad, pues ella estaba segura que ya había cumplido su condena. Él le dijo que estaba a la espera de recibir los papeles por parte del centro de reclusión. Cuando ella preguntó en la cárcel por los documentos, le respondieron que los trámites para su libertad ya se estaban haciendo. “Estaba segura que ya casi me iba y yo decía: yo ya me voy, aquí no paso el día de Amor y Amistad, sino que lo paso con mis hijos”, asegura, recordando esos momentos de expectativa respecto a su libertad.F-Bordado-a-Mano--RC-02

A principios de septiembre, recibió la notificación de que saldría de la cárcel. “Yo no dormía esos días, yo decía: ¡libertad, Dios mío bendito! Cuando llegó el momento, ahí mismo llamé llorando a mi casa a mis niñas y les dije que ya podían venir a recogerme”. El 4 de septiembre pudo regresar a su hogar y cumplir su deseo de pasar el día de amor y amistad acompañada de sus hijos.

Antes de salir de la cárcel Rubiela habló con su supervisor de IDEACE y le pidió que le diera trabajo cuando ella saliera, pues sabía que a alguien que haya estado en la cárcel es difícil que le den un empleo. “Yo necesito que me tenga en cuenta en su empresa,  para el trabajo soy puntual y buena persona”, le dijo.

A los pocos días la llamaron a su casa para contarle del nuevo taller de ensamble que IDEACE iba a abrir en la Fundación Bordado a Mano. Desde entonces, Rubiela trabaja juiciosa y alegremente, siendo de las mejores trabajadoras y sobre todo contagiando con su alegría y optimismo a las otras mujeres que al igual que ella pasaron por la cárcel.

En su trabajo, sus compañeros ya se acostumbraron a que mientras escuchan la radio, en cualquier momento, Rubiela empieza a cantar a todo pulmón un vallenato o una balada romántica, o sus canciones preferidas de Darío Gómez o El Charrito Negro. Su voz llega a todos los rincones del lugar y es un reflejo de lo feliz que ella se siente en esta nueva etapa de su vida.

Ahora, está enfocada en sacar adelante a su familia, de disfrutar de sus nietos y sobre todo, aprovechar la nueva oportunidad que l3eda la vida. “La libertad es muy linda, es lo más hermoso que puede haber. Yo no vuelvo a estar encerrada, esa experiencia me sirvió de mucho. Salí con fuerzas de seguir adelante, sin miedo y con mucha confianza” asegura.F-Bordado-a-Mano--RC-04

Mientras tanto, está a la espera de obtener ayuda por parte de la alcaldía por ser víctima de desplazamiento intraurbano, por haber sido obligada a abandonar su barrio Santo Domingo hace unos años.  Además, espera solucionar la multa que le pusieron por vender drogas en el 2006, la cual asciende a 600 mil pesos y de la que apenas ha pagado 25 mil.

Para Rubiela, lo importante es poder demostrarles a sus hijos que ya no vende drogas, que tiene un trabajo honesto y que está arrepentida de lo que hizo. “Le pido perdón a la sociedad por el mal que hice y de ahora en adelante voy a hacer el bien y estar con la cabeza siempre en alto y sacar a mis hijos adelante, que sean buenas personas y que no se metan en lo que yo me metí”.

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En Medellín se buscan soluciones para frenar la crisis carcelaria

El Concejo de Medellín debatió este miércoles 9 de octubre, sobre la crisis carceleria que se presenta en El Pedregal y Bellavista. En la ciudad, cada día, 30 personas son ingresadas a los centros de reclusión. La prevención del delito y una mejor calidad de los procesos de reintegración son algunas de las acciones propuestas para darle solución a esta problemática.

 Peter Ramírez. 10/10/2013

El hacinamiento es el principal problema que se ve en las cárceles de todo el país.  Y en Medellín, según el Inpec, diariamente son remitidas 30 personas desde los calabozos de la Alpujarra a los centros de reclusión de la ciudad. Ante esta situación, se hace imposible evitar la sobrepoblación en El Pedregal y Bellavista,  lo que genera la vulneración de muchos de los derechos de los reclusos.Debate-Concejo- fundación-Bordado-a-mano

Para la directora Regional Noroeste del Inpec, Diana Carmenza Rúa,  el hacinamiento en Medellín es una situación preocupante y refleja la problemática delincuencial de  la ciudad. “Desde el Inpec se evidencia que los índices de delincuencia en la ciudad se incrementan por  el alto número de internos que nos han entregado cada día. Si seguimos con esa tendencia tan elevada al delito, va a ser bien complicado que podamos llegar a bajar algún día el nivel de hacinamiento”.

Entre los delitos más comunes de las personas remitidas a los centros carcelarios están: porte de estupefacientes, concierto para delinquir y hurto. Por eso, “se hace necesaria la estructuración de una política criminal, porque el sistema se va a reventar “, expresó la funcionaria.

Al 30 de septiembre del 2013, el hacinamiento en Bellavista alcanzó el 186 por ciento, con una población cercana a los 7 mil internos. Y en El Pedregal, en la sección de hombres, alcanza el 48 por ciento de sobrepoblación.

Prevención del delito

Frente a esa problemática delincuencial, que se refleja  en el hacinamiento  de los centros penitenciarios, se debatió en el Concejo de Medellín para encontrar posibles soluciones a la crisis carceleria.

Para el concejal Yefferson Miranda, uno de los proponentes del debate, se debe buscar un nuevo modelo  de intervención y atención del delito, que ayude a superar la situación en los centros de reclusión. “Hemos planteado que el problema de las cárceles es un síntoma, no la problemática real. La problemática es el delito”,  afirmó Miranda.

La propuesta del concejal Miranda contempla un modelo de prevención del delito, y que durante el proceso de reclusión y de reintegración en las cárceles, exista un acompañamiento jurídico, sicológico, ocupacional y de emprendimiento del interno. Además, para el concejal del Partido Verde, también se hace necesario  atacar la reincidencia por parte de las personas que quedan en libertad.  “Lo que se busca es mitigar y atender el problema del delito, no solo buscar la judicialización”,  afirmó.??????????????????????????????????????????

Los problemas en las cárceles

La sesión en el Concejo sirvió para reiterar los problemas en las cárceles y que atentan contra la dignidad de las reclusos.

El personero de Medellín,  Rodrigo Ardila, dio cuenta de los problemas que se presentan en las cárceles, como el hacinamiento, la violencia, deficiencias en materia de servicios públicos y las carencias de oportunidades y medios para la resocialización  de los reclusos.

En materia de salud,  el personero afirmó que “continúa en cuidados intensivos. Hay procedimientos y ayudas diagnósticas represadas. Además,  se presentan importantes  limitaciones para garantizar el derecho a la salud en el suministro de medicamentos”.

Por parte del Inpec también se presentaron quejas frente al servicio de salud.  “Seguimos requiriendo a Caprecom de manera muy seria para que venga y nos cumpla con soluciones adecuadas a situaciones como el suministro de medicamentos y los procedimientos represados.  No podemos continuar de la misma forma”, afirmó Rúa.

Una de la soluciones propuestas por los concejales para mitigar el problema de salud fue la de estudiar la posibilidad para que la EPS Savia Salud sea la encargada de brindar los servicios de médicos a la población carceleria.

Discriminación laboral

Otro de los puntos a debatir fue el proceso de resocialización que se debería cumplir en las cárceles y que en la actualidad presenta muchas deficiencias. Por ejemplo, en Bellavista, el Inpec se vio obligado a convertir espacios destinados al estudio y al trabajo de los reclusos en lugares para dormir.

Durante la sesión, también se habló del problema de rechazo que sufren las personas que buscan un trabajo después de salir de la cárcel, a causa de sus  antecedentes judiciales.

Para el concejal Miranda “la discriminación laboral delimita el camino otra vez hacia la delincuencia o hacia la informalidad. Delinque y otra vez para la cárcel, ese es el modelo que tenemos en esta sociedad”. Para él, se hace necesario “exenciones tributarias para empresarios que den empleo a los pospenados”.

Cabe recordar que el artículo 98 de la Ley 633 de 2000, establece los beneficios tributarios de las empresas que vinculen personas pospenadas a sus empresas. De todas maneras, pese a lo estipulado,  es evidente que pocas empresas dan oportunidades a la población que queda en libertad. Es por esta razón que la Fundación Bordado a Mano trabaja para que las personas pospenadas tengan oportunidades laborales dignas y que les ayude al sustento de sus familias, pero sobre todo para que ellas cumplan con el objetivo  de una verdadera resocialización y que se sientan  parte de la sociedad en esta nueva etapa de sus vidas.

En la actualidad, Bordado a Mano cuenta con el apoyo de Industrias Gales e industrias de Acero IDEACE, quienes brindan trabajo a cerca de 20 mujeres pospenadas. Aun así, requerimos el apoyo de instituciones oficiales y de la empresa privada para aumentar el número de personas trabajando, continuar cumpliendo con nuestra labor social y desarrollar otras iniciativas productivas con más mujeres que quieren aprovechar otra oportunidad.

????????????????????????????????????????Acciones frente a la crisis

Como estrategia a nivel nacional, el Inpec dio a conocer una iniciativa que busca crear 60 mil nuevos cupos en las cárceles de todo el país en los próximos años.

Por su parte, el concejal Miranda anunció que el Área Metropolitana destinará 20 mil millones de pesos al Ministerio de Justicia, para que se invierta en las cárceles de Medellín, y así se podría ayudar a ampliar la infraestructura de ambos centros carcelarios y crear más cupos.

También se habló de la necesidad de fortalecer las acciones de prevención en los niños y  adolescentes,  pues casi el 50 por ciento de los reclusos en Medellín son jóvenes, lo que evidencia los problemas sociales de la ciudad y que los grupos delincuenciales se aprovechan de esa población.??????????????????????????????????????????

Los familiares de los reclusos también tuvieron  su espacio y brevemente  manifestaron los problemas que sus seres queridos viven en las cárceles, como los constantes atropellos y maltratos, los malos servicios en la alimentación y las fallas en el suministro de medicamentos.

Por último, Diana Carmenza Rúa, hizo llamado para buscar una política penitenciaria que permita el buen tratamiento a estas personas.  “No podemos olvidar jamás que los internos que están en los establecimientos  continúan con su condición de ciudadanos y a ellos también hay que dirigirles programas que beneficien sus condiciones de vida”.

“Cada día se agudiza más la crisis penitenciaria”: Luz Marina Acevedo

Entrevista con Luz Marina Acevedo, investigadora de la Personería de Medellín, quien habla sobre la situación de Derechos Humanos en las cárceles en Medellín y sobre las acciones que se toman para evitar que los internos sean vulnerados en materia de salud, educación, alimentación, entre otros.

Peter Ramírez. 07/10/2013

Las personas privadas de la libertad experimentan constantemente la vulneración de sus derechos, algo  que ha generado una crisis carcelería en todo el país sin que todavía se vea una solución definitiva. Una de las instituciones encargadas de promover y defender los derechos de los reclusos es la Personería de Medellín, que en los últimos años ha hecho informes sobre la realidad que se vive en los centros penitenciarios,  frente a temas como el de la dignidad humana, la salud, la alimentación, el trabajo y la enseñanza.Luz Marina Acevedo - Personería de Medellín

Luz Marina Acevedo Jaramillo, abogada e investigadora de la Unidad Permanente de Derechos Humanos de la Personería de Medellín, trabaja desde hace 4 años la situación de las cárceles en la ciudad, las visita y atiende las quejas y  los problemas de los reclusos. Con esa experiencia, es una de las personas que conoce al detalle la situación de los centros carcelarios El Pedregal y Bellavista. Para ella, los problemas como el hacinamiento y la falla en los servicios de salud siguen aumentando y  es hora de que el Estado tome medidas de fondo para solucionarlos.

Frente a los derechos humanos, ¿cuál es  la situación que se vive en las cárceles Bellavista y El Pedregal?

Las mayores quejas de los internos las hemos recibido por el maltrato.  Por ejemplo, en El Pedregal se quejan de tratos indignos por parte del cuerpo de custodia y vigilancia, también, por los castigos colectivos y de la prestación del servicio de salud.

En Bellavista, el mayor porcentaje de quejas es en salud. También se reciben otras por las requisas que hacen en las celdas los auxiliares bachilleres, quienes muchas veces no siguen las normas debidas y los reclusos manifiestan que entran a dañarles sus pertenencias.

¿Cómo actúan cuando reciben las quejas y problemas respecto a los servicios de salud en las cárceles?

Nosotros vamos y recibimos la queja al interno frente a la situación de salud que presenta, la analizamos, miramos la historia clínica y le hacemos la entrevista a él. Luego verificamos qué tratamiento se le ha dado. De acuerdo a esa situación, acudimos a Caprecom y solicitamos que lo valoren y que si tiene algún procedimiento represado se le preste la debida atención y ya, en circunstancias últimas, recurrimos a la acción de tutela. En el tema de salud, En el año 2009, se presentaron a Caprecom 150 tutelas y este año ya van 1.100. Eso demuestra que los problemas se van acrecentando y las soluciones no se ven.

Otro problema en las cárceles es el hacinamiento, ¿qué han encontrado cuando visitan esos centros carcelarios?

Sabemos que Bellavista tiene una capacidad para 2.424 personas y en este momento tenemos alrededor de siete mil.  En El Pedregal, la sección de hombres tiene capacidad para 1.129 y en la actualidad tiene alrededor de 1.400 hombres. El hacinamiento se incrementa cada día más. Uno ve que el hacinamiento es muy grande y es una situación infrahumana. Por ejemplo, en Bellavista, en los pabellones 2, 5 y 8 hay entre 1.500 y 1.800 internos en cada uno, solo hay dos unidades de guardias, y ves esa gente durmiendo en el piso y, si no hay espacio, duermen debajo de los lavamanos o los baños.  En estos momentos, están durmiendo colgados en hamacas porque ya no les alcanza el espacio.

Uno entra ahí y dice: ‘¡Dios mío! Esta gente cómo duerme aquí, antes no se enferman’. El hacinamiento también genera problemas de convivencia porque, por ejemplo,  si pasaste y pisaste al otro entonces hay una disputa entre ellos.

¿Cómo actúa la Personería frente a los problemas que ha encontrado en las cárceles?

El trabajo que hace la Personería de Medellín es bien importante, porque nosotros recibimos la queja directamente del interno, hacemos visitas de verificación frente a la situación que presentan y estamos prestos a cualquier inquietud por parte de ellos.  Además,  hacemos seguimiento a todos esos temas y,  en caso de ser necesario, denunciamos el caso ante las entidades respectivas.

También, asistimos a los consejos de disciplina en las dos cárceles, allí es donde se califica la conducta de los internos y  se les sanciona por violación del régimen interno del establecimiento.

¿Qué otras medidas se toman desde la Personería para solucionar los problemas denunciados por internos?

Hemos tomado acciones institucionales frente a las quejas que se presentan. Por eso, estamos constantemente capacitando, tanto a la población interna como a los funcionarios. En este momento, a los internos de Bellavista  se les está dictando un diplomado que habla sobre la salud mental, la parte sicológica y emotiva en la cárcel. Hemos hechos diplomados frente al régimen de visitas, de los aspectos legales y constitucionales del tema carcelario y de derechos humanos.

¿Qué piensa del proceso de reinserción social que se debería cumplir en las cárceles?

La parte de reinserción realmente no se cumple, por ejemplo, en Bellavista hay un plan ocupacional para 3.100 personas, cuando tenemos 5.000 condenados. De esas 3.100 personas que pueden redimir su pena con trabajo, tenemos apenas como 1.500 que lo hacen.

El plan ocupacional actual no da para que las personas condenadas puedan redimir su pena. Muchas personas condenadas no pueden tener rebaja porque no hay forma de que inmediatamente entren a la cárcel, empiecen a trabajar, hace falta logística e infraestructura para  ello, además, no hay personal para que los evalúe y esté pendiente de los cambios de fase de los internos. Hay muchas falencias en ese tema y la deficiencia del personal humano es bastante para poder atender esta población.Luz Marina Acevedo - Personería de Medellín

¿Cuál es su opinión sobre la crisis carcelaria y penitenciaria que se presenta en los centros de reclusión de todo el país?

Lo que he visto en estos 4 años que llevo trabajando el tema de las cárceles, es que cada día se agudiza esta crisis penitenciaria y el hacinamiento se incrementa. Las medidas que se toman no son las adecuadas para atacar la crisis, porque se convierten en acciones  que se van acumulando una tras otra, pero el problema de fondo sigue ahí latente.

La crisis penitenciaria se debe a un problema estructural, del cual el Estado es el responsable, porque dicha crisis no es problema de la Directora Regional del Inpec, ni de los directores de establecimiento, ni del Personero de Medellín, ni del Defensor del Pueblo o Procurador, es un problema estructural del sistema carcelario del país.

La idea no es construir más cárceles y pensar que con eso terminamos la crisis. Pienso que hay que hacer una verdadera política penitenciaria que nos pueda dar una solución a toda esta situación, porque la delincuencia no termina y siempre está ahí.

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA

En el último informe Sobre la Situación de los Derechos Humanos de 2012, divulgado en febrero de este año, la Personería de Medellín señaló los problemas en salud, alimentación y de maltrato que afrontan las personas recluidas en los centros carcelarios de la ciudad.

Derecho a la vida

  • Se estableció que en  El Pedregal y Bellavista no se cuenta con el número de guardias suficientes para vigilar, respetar y hacer valer los derechos de los internos. “Bellavista cuenta con 180 guardianes que prestan sus servicios durante las 24 horas, deben controlar y atender una población de 7.448 personas privadas de la libertad, y El Pedregal cuenta con 190 guardianes para prestar los servicios de custodia y vigilancia”. Como consecuencia, se generan problemas de seguridad y de integridad física de los reclusos.

Dignidad humana

  • El hacinamiento es uno de los mayores problemas y genera mucha vulneración  de los derechos humanos de las personas privadas de la libertad.
  • En el año 2007, en Bellavista se registró una población de 4.394 reclusos, con sobrepoblación de 1.970 y hacinamiento del 81 por ciento y, en año 2012, la cifra aumentó a 7.448, con una sobrepoblación de 5.024 y un hacinamiento del 207 por ciento.

Salud

  • Uno de los detonantes de la crisis carcelaria fue el servicio de salud deficiente prestado a los internos. El año pasado, Caprecom, la empresa encargada de brindar el servicio en salud, tenía un represamiento de 648 procedimientos entre tratamientos médicos y especialidades, además 175 fórmulas represadas. A esto se le suma la necesidad que tienen los reclusos de interponer acciones de tutela, como único mecanismo útil para poder acceder a los servicios de salud. El año pasado, se presentaron 768 tutelas.
  • En el año 2012, en Bellavista se presentaron 18 defunciones por causa natural “según versiones de las familias, al parecer, las muertes ocurrieron por falta de atención médica oportuna”.
  • Los centros carcelarios no cuentan con adecuadas instalaciones para dar cuidados a los internos. Se evidencia la falta de un espacio físico,  tanto en Bellavista, como en El Pedregal para atender a la población reclusa con problemas de salud mental.

Alimentación

  • Según el informe, el 80 por ciento de los internos e internas en las cárceles de Bellavista y El Pedregal “consideran que la alimentación suministrada es insuficiente, y no es higiénica ni nutritiva”.

Entre las recomendaciones de la Personería para mejorar las condiciones de los reclusos y que no vulneren sus derechos están:

  • Inversión económica para la infraestructura de los centros carcelarios.
  • El Inpec, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Justicia deben buscar soluciones para mejorar los servicios de salud  en las cárceles.
  • Tomar medidas para evitar tratos crueles, inhumanos y degradantes a los reclusos.
  • Promover entre los reclusos el acceso a oportunidades laborales y el desarrollo de algún oficio o trabajo digno, con programas de largo plazo y convenios con empresas privadas o  estatales y dentro de los centros penitenciarios.