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Secretaría de las Mujeres realiza capacitación en Bordado a Mano

La Secretaría de las Mujeres de la alcaldía de Medellín dictará a partir de hoy jueves una capacitación sobre economía solidaria a 23 mujeres pertenecientes a la Fundación Bordado a Mano. La actividad se desarrollará en nuestra sede en horario especial a fin de no afectar su jornada laboral.

Con esta capacitación se pretende proyectar al grupo hacia el emprendimiento para que trabajen sus potencialidades artesanales en micro-empresa y además se les brindará la posibilidad de acceder a microcréditos.

Agradecemos a la Secretaría de las Mujeres por apoyarnos en la labor de brindarles nuevas oportunidades a las mujeres de nuestra fundación.

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Después de la cárcel, un canto a la vida

Salir de la cárcel es una oportunidad para rehacer la vida. Y qué mejor manera de hacerlo que estar junto a la familia, tener un trabajo digno y mirar el futuro con optimismo. Esta es la historia de una de las mujeres de la Fundación a Mano, quien aprovecha y disfruta estar de nuevo en libertad.

Peter Ramírez. 28/10/2013

Hoy, tiene muchos motivos para sonreír. Recuperó la libertad, comparte los días al lado de su familia y puede mostrar sus habilidades en el trabajo que realiza. Pero, algún tiempo atrás, una amarga experiencia le quitó por unos días la sonrisa de los labios: estuvo encarcelada cinco años y tres meses.F-Bordado-a-Mano--RC-06

Rubiela Carvajal, a sus 52 años de edad, ha vivido muchos momentos duros, pero siempre se ha mantenido fuerte, optimista y ha luchado por su familia. El golpe más doloroso que ha recibido fue cuando la capturaron en su casa y delante de su familia. Ese día, su sufrimiento fue causado, más que nada, por tener que separarse de su hijo y sus tres hijas e irse a prisión con la incertidumbre sobre quién los cuidaría mientras ella no estaba.

La tercera fue la vencida

El camino que la llevó a la cárcel empezó en el 2006, cuando vendía dulces y cigarrillos en las calles del centro de Medellín. Ella vivía con sus hijos en un inquilinato del sector, en el que pagaba 10 mil pesos diarios. Las deudas y la dificultad para mantener a su familia le hicieron aceptar una propuesta que finalmente la llevaría al encierro. “Un día una compañera me dijo: ‘usted que es boba, yo veo que está muy necesitada. Trabaje como yo.  Yo le pregunté: ‘¿usted en qué trabaja?’ y ella me dijo: ‘vendiendo droga’”. Desde ese momento, Rubiela comenzó a vender bazuco y a obtener mucho más  dinero del que conseguía vendiendo chicles. “Me iba bien, yo me ganaba entre 120 y 130 mil pesos diarios y trabajaba desde las 8 hasta las 6 de la tarde”.

A pesar de que sabía los riesgos que tenía vender drogas, se sentía feliz porque podía pagar el hotel, la comida y comprarles ropa a sus hijas. Lo único que la hacía sentir nerviosa era cuando veía a ‘los verdes’. “Pero qué se va a hacer, si yo tengo la responsabilidad de no dejar aguantando hambre a mi familia”, afirma.

Con su nueva mercancía se fue a vender a Barrio Triste, donde además del bazuco, el cual costaba entre mil y dos mil pesos, vendía cigarrillos, vino, alcohol y el “cuero”, el papel que sirve para armar el bazuco o la marihuana.  F-Bordado-a-Mano--RC-03

Cuando llevaba tres meses vendiendo droga, la capturaron por primera vez. “Un día yo saqué una bolsita y de ahí cogí algo y se lo di a un muchacho que me estaba comprando, y cuando iba guardar la bolsita llegó la policía y me capturó”. En la bolsita tenía 14 bazucos. Al otro día, en la audiencia, le otorgaron la libertad condicional y le impusieron una multa.

Esa experiencia no influyó para que dejara de vender drogas. Las deudas,  la necesidad, el dinero fácil le animaron a continuar su peligrosa aventura. “Siempre pensé que me cogían y me iba a soltar, era como un juego”. Y así fue, pocos meses después, fue otra vez capturada, pero, tras el aplazamiento de la audiencia aplazada, fue dejada en libertad.

En el 2008, la policía la encontró otra vez vendiendo bazuco. De nuevo, la dejaron en libertad y otra vez su audiencia quedó aplazada. Pero ese juego del gato y el ratón no iba a durar para siempre. Después de su tercera captura, ella estaba segura que no le iba a pasar nada, inclusive le insistía a su abogado para que le avisara cuándo tenía que presentarse a la audiencia.

La captura

Un día, al llegar a casa, su hermana le contó que la habían llamado de la Fiscalía y que debía devolverles la llamada.  “Yo pensé que era para decirme qué día me tocaba la audiencia. Entonces, llamé preguntado que si me necesitaban por lo de la audiencia. Ellos me preguntaron que yo dónde estaba, que les diera la dirección, y que no me moviera. Yo les dije que aquí los espero”. La audiencia en donde le habían determinado la orden de captura ya se había hecho y ese día fueron para llevársela a la cárcel. Rubiela fue sentenciada a 60 meses de prisión, pero logró que se la rebajaran a 51.

Sobre el día que la detuvieron recuerda que lloró mucho y que al despedirse de sus hijos le dijo al mayor que cuidada a las niñas. El sufrimiento para ella era por perder a su familia y la angustia por pensar que se iban a quedar sin un hogar. Después de la captura sus hijas, menores de edad, fueron entregadas al ICBF y meses después, se fueron a vivir con una de las hermanas de Rubiela.

Amor por la familia

Rubiela nació en Andes, Antioquia. Cuando tenía dos años, su padre abandonó el hogar y dejó sola a la madre en la crianza de los hijos. Desde pequeña le ha tocado trabajar, y solo pudo estudiar hasta cuarto de primaria. A los 8 años de edad, su familia se vino a vivir al barrio Manrique, “me tocó pedir de puerta en puerta sobraditos”, recuerda de esos primeros años en Medellín.F-Bordado-a-Mano--RC-01

A los 18 años conoció a un hombre, con el que tendría tres hijos, el que la abandonaría antes de que naciera el tercero. Desde entonces, ella sola tuvo que criar a sus hijos.   “Los levanté trabajando en casas de familia. Pasamos muchos  problemas económicos, a veces les tenía dinero para el estudio y otras veces no”. Después conoció a otro hombre con el que tuvo una hija y del cual se separó, quedando otra vez sola a cargo de sus pequeños.

Cuando vivía en el barrio Santo Domingo, Rubiela fue obligada a abandonar su casa.  “Yo tenía una chazita donde vendía confites y cigarrillos, y un día un hombre me vino a comprar un cigarrillo y en ese momento ahí mismo lo mataron. El que le disparó me dijo, que me abriera o sino me pasaba lo mismo”. Ella salió del barrio con sus hijos de inmediato, dejando todas sus pertenencias y se fue a vivir al centro de Medellín. Así fue como llegó a vivir en el inquilinato hasta su captura en el 2008.

Valorar la libertad

La primera noche que ella pasó en la cárcel sufrió mucho.  “Me puse a llorar y pensaba en mis hijas y el lugar donde se iban a quedar”, recuerda. Pero el resto del tiempo de la condena no fue ningún problema, se adaptó rápidamente al encierro  y aceptó el castigo. “Yo soy consciente de lo que hice y el estar en la cárcel yo me lo busqué. Si uno hace una cosa mala, uno sabe que la debe pagar”, asegura.

Sobre los cinco años que pasó en la cárcel dice que ni los sintió y que la rutina en prisión tampoco la afectó. “La vida encerrada no es ni tan maluca ni tan feliz. La vida allá uno misma se la hace. Uno tiene que portarse bien para no tener problemas con la guardia o que le sumen la condena, o le quiten la condicional, uno debe de ser aplicado y decente”. Es más, para ella ese tiempo en la cárcel fue toda una bendición, porque como asegura, “uno aprende a valorar más a los hijos, a las personas, a la sociedad y a uno mismo. Y se da cuenta de que la libertad es muy bonita”.

Rubiela tomó la cárcel como una verdadera oportunidad de cambio y de seguir sonriéndole a la vida y no le importó el mal humor de sus compañeras de prisión o el silencio y la nostalgia que se vive en el encierro. Por eso, de vez en cuando se ponía a cantar. “Me acuerdo que algunas decían ‘miran a esta, encerrada, y cantando y riéndose’. Yo les decía ‘bueno muchachas, no vamos a pensar en nada, vamos a reírnos, a charlar a contar cuentos”.

Pero lo mejor que le sucedió en la cárcel fue la oportunidad de trabajar, porque así pudo obtener dinero para enviar cada mes a su hijos, tener derecho a rebaja de pena  y aprender el ensamble de chapas, oficio que también le ha servido para trabajar después de quedar en libertad. Rubiela trabajó para Industrias de Acero IDEACE, ganándose 75 mil pesos semanales.

Nuevo trabajo, nueva vida

Para ella, la familia es lo más importante  y desde que a los 24 años tuvo a su primer hijo, ellos han sido su prioridad y son la fuerza que hoy la hace dejar atrás su pasado y tener un trabajo digno.

Hace unos meses, aprovechando las 72 horas de permiso para salir de la cárcel, se fue para donde el juez y le solicitó que le diera la libertad, pues ella estaba segura que ya había cumplido su condena. Él le dijo que estaba a la espera de recibir los papeles por parte del centro de reclusión. Cuando ella preguntó en la cárcel por los documentos, le respondieron que los trámites para su libertad ya se estaban haciendo. “Estaba segura que ya casi me iba y yo decía: yo ya me voy, aquí no paso el día de Amor y Amistad, sino que lo paso con mis hijos”, asegura, recordando esos momentos de expectativa respecto a su libertad.F-Bordado-a-Mano--RC-02

A principios de septiembre, recibió la notificación de que saldría de la cárcel. “Yo no dormía esos días, yo decía: ¡libertad, Dios mío bendito! Cuando llegó el momento, ahí mismo llamé llorando a mi casa a mis niñas y les dije que ya podían venir a recogerme”. El 4 de septiembre pudo regresar a su hogar y cumplir su deseo de pasar el día de amor y amistad acompañada de sus hijos.

Antes de salir de la cárcel Rubiela habló con su supervisor de IDEACE y le pidió que le diera trabajo cuando ella saliera, pues sabía que a alguien que haya estado en la cárcel es difícil que le den un empleo. “Yo necesito que me tenga en cuenta en su empresa,  para el trabajo soy puntual y buena persona”, le dijo.

A los pocos días la llamaron a su casa para contarle del nuevo taller de ensamble que IDEACE iba a abrir en la Fundación Bordado a Mano. Desde entonces, Rubiela trabaja juiciosa y alegremente, siendo de las mejores trabajadoras y sobre todo contagiando con su alegría y optimismo a las otras mujeres que al igual que ella pasaron por la cárcel.

En su trabajo, sus compañeros ya se acostumbraron a que mientras escuchan la radio, en cualquier momento, Rubiela empieza a cantar a todo pulmón un vallenato o una balada romántica, o sus canciones preferidas de Darío Gómez o El Charrito Negro. Su voz llega a todos los rincones del lugar y es un reflejo de lo feliz que ella se siente en esta nueva etapa de su vida.

Ahora, está enfocada en sacar adelante a su familia, de disfrutar de sus nietos y sobre todo, aprovechar la nueva oportunidad que l3eda la vida. “La libertad es muy linda, es lo más hermoso que puede haber. Yo no vuelvo a estar encerrada, esa experiencia me sirvió de mucho. Salí con fuerzas de seguir adelante, sin miedo y con mucha confianza” asegura.F-Bordado-a-Mano--RC-04

Mientras tanto, está a la espera de obtener ayuda por parte de la alcaldía por ser víctima de desplazamiento intraurbano, por haber sido obligada a abandonar su barrio Santo Domingo hace unos años.  Además, espera solucionar la multa que le pusieron por vender drogas en el 2006, la cual asciende a 600 mil pesos y de la que apenas ha pagado 25 mil.

Para Rubiela, lo importante es poder demostrarles a sus hijos que ya no vende drogas, que tiene un trabajo honesto y que está arrepentida de lo que hizo. “Le pido perdón a la sociedad por el mal que hice y de ahora en adelante voy a hacer el bien y estar con la cabeza siempre en alto y sacar a mis hijos adelante, que sean buenas personas y que no se metan en lo que yo me metí”.

“Ahora en libertad, quiero demostrar mis capacidades”

Pocos días después de salir de la cárcel, Sandra encontró una oportunidad de trabajo en Bordado a Mano. Así, puede iniciar una etapa diferente de su vida y ayudar a su familia. La nueva iniciativa de ensamble de piezas dará trabajo a 20 mujeres que, al igual que Sandra, quieren retomar el rumbo de sus vidas.

Peter Ramírez. 30/09/2013

Con cinco mujeres, inició el nuevo taller de ensamble de piezas en la Fundación Bordado a Mano, gracias al convenio que estableció con Industrias de Acero IDEACE. Ambas entidades pretenden brindar oportunidades laborales a personas pospenadas. fundacición-bordado-a-mano-ideace

Sandra Ballesteros, beneficiaria del proyecto, ha encontrado una gran posibilidad de recuperar la vida que perdió con su encarcelamiento y  de alimentar su convicción de no volver a la cárcel.  Ella estuvo 4 años recluida y hace tan solo dos semanas quedó en libertad, por eso quiere aprovechar al máximo su nuevo trabajo. “Ahora tengo que asentar cabeza y mirar la realidad tal cómo es. No quiero volver a la cárcel y por eso quiero superarme todo lo que más pueda”, asegura.

Para Sandra, este es su primer trabajo desde que está en libertad y se ha adaptado bien pues es un oficio que aprendió en el centro de reclusión. “En la cárcel yo aprendí a ensamblar piezas y cuando salí me enteré que la misma empresa con la que trabajé en la cárcel iba a montar un taller en la Fundación Bordado a Mano, entonces yo les dije que me tuvieran en cuenta y hace unos días me llamaron para empezar a trabajar”, dice.Fundación-Bordado-a-Mano- Ideace-

Rechazo de la sociedad

Pero no todas las personas consiguen trabajo a los pocos días de salir de la cárcel. Sandra sabe que para aquellos que cumplieron condena privativa de la libertad, se hace más difícil obtener algún medio de sustento, pues deben lidiar con el rechazo de las empresas y de la sociedad en general.

“En mi caso pensaba que iba a ser muy difícil. Nosotras salimos de la cárcel sin saber a dónde ir, sin saber qué le vamos a dar a nuestros hijos, qué vamos a comer o dónde vamos a dormir. En la cárcel sabemos que cuando salimos no nos dan tantas oportunidades y, sea cual sea el motivo por el cual el estuvimos en la cárcel, para la sociedad no tenemos derecho a nada”.

Su vida después de la cárcel está retornando a la normalidad, pues son muchas los cambios a nivel emocional, familiar, social, y económico a las que se enfrentan las personas que recobran la libertad. “Tengo que adaptarme de nuevo a la sociedad porque sé que es muy duro volver y adaptarse a la vida normal. Uno no se adapta de la noche a la mañana”.

Estos primeros días desempeñando su nueva labor, Sandra se muestra contenta por tener un trabajo digno y ser parte nuevamente de la sociedad. Por eso, agradece mucho esta posibilidad de trabajar y la ve como la mejor forma de empezar su nueva vida, “quiero demostrar que tengo muchas capacidades y que soy muy atenta. Estoy muy feliz en el trabajo, en mi casa y con mi familia. Ahora les puedo llevar a mis hijos comida digna. Agradezco todos los días por este este trabajo y por esta oportunidad de salir adelante.”

Aprovechar la oportunidad

El taller de ensamble de pares para chapas espera completar un número de 20 mujeres pospenadas en las próximas semanas.Fundación-Bordado-a-Mano- Ideace

El encargado de supervisar y enseñar la tarea de ensamblar es René García, operario de IDEACE, quien en estos primeros días de trabajo con ellas, ha visto las ganas y la responsabilidad en su labor. “Les veo buen ánimo y deseo de continuar trabajando en esta labor.  Es una oportunidad muy importante porque son personas que tienen su obligación con sus familias. Si más adelante se les brinda una oportunidad en otra empresa o con otras condiciones estoy seguro que la sabrían aprovechar”, asegura García.

Sandra, a sus 31 años,  ahora valora mucho más la libertad y sobre todo está segura que no va a volver a la cárcel. “Con esta nueva oportunidad estoy segura que no voy a volver al delinquir, tengo dos hijos y les quiero ayudar”.

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Se unen esfuerzos para trabajar por las personas pospenadas

Las personas que recobran la libertad se encuentran frente a una sociedad que las rechaza y les cierra las oportunidades de trabajo y resocialización. Por eso, distintos sectores de la sociedad se reunieron, para  mejorar las condiciones de los pospenados en Medellín

Peter Ramírez. 23/09/2013

Con el objetivo de articular un trabajo en conjunto para ayudar a la reinserción social de las personas pospenadas y próximas a quedar en libertad, se cumplió la primera reunión entre instituciones y  organizaciones no gubernamentales que trabajan con la población carcelaria en la ciudad. Fundación-Bordado-a-Mano- Bellavista -2013

La reunión, convocada por el Centro de Referenciación para el Pospenado de Bellavista, también sirvió para evidenciar los problemas que afrontan las personas que quedan en libertad, como son la estigmatización y el rechazo por parte de la sociedad, además de la falta de oportunidades laborales.

Uno de los casos de discriminación, que fue divulgado a los asistentes, es el de un joven administrador de empresas, quien salió de la cárcel hace 4 años, y en su búsqueda de trabajo ha sido rechazado en varias ocasiones por las empresas, cuando éstas revisan sus antecedentes judiciales.

Unir esuerzos

Fundación-Bordado-a-Mano- Bellavista -2013

Para Diego Úsuga, director  de Proyectos Productivos y Educación para el trabajo de los pospenados de la Regional Noroeste del  Inpec,  se hace necesario un trabajo serio con compromiso para brindar un verdadero apoyo a quienes recuperan la libertad. “Es hora de que por fin se pueda repensar el trabajo sobre los pospenados y preliberados, que todos estemos ahí, que todos propongamos, que se diga lo que tenemos que hacer, cómo lo vamos a hacer y lo ejecutemos”, expresó.

En este primer encuentro se hizo un llamado para que los diferentes sectores de la sociedad tengan un compromiso real  frente a la problemática de los pospenados. A la reunión asistieron organizaciones e instituciones como la Personería de Medellín, la Confraternidad Carcelaria de Colombia, la Corporación Sueños de Libertad, el Inder, la Secretaría de Gobierno y de Derechos Humanos, la Fundación Bordado a Mano, entre otros.  También se aprovechó la ocasión  para divulgar las acciones y proyectos, que desde las distintas organizaciones se ejecutan en pro de los pospenados.

Didma Rojas, socióloga y quien encabeza el trabajo que desde el centro carcelario Bellavista  se hace por los pospenados y preliberados,  afirmó que “se requiere un trabajo de todas las instituciones  para mirar qué es lo que realmente vamos a hacer con ellos. En última instancia, lo importante no es recobrar la libertad, lo importante es mantenerla”.Fundación-Bordado-a-Mano- Bellavista -2013

La Casa del Pospenado

Una de las metas de esta reunión es poner en marcha la Casa del Pospenado, un lugar que sirva de paso para aquellas personas que salen de la cárcel y no tienen hogar ni trabajo, o viven en otra ciudad y necesitan encontrar a su familia. Además, serviría como un lugar para brindarles alimentación y capacitación en oficios y artes. Esta idea surge de las acciones que se han hecho en otras ciudades como Bogotá y que es de gran ayuda a las personas que quieren comenzar una nueva vida.

“La Casa del Pospenado es un sueño que todos podemos hacer realidad, entre todos se puede ayudar a solventar los gastos y dar albergue a quienes recuperan la libertad. Es horrible que una persona salga de Bellavista o El Pedregal,  sea de otra ciudad y no tenga como irse ni donde dormir mientras regresa a casa”, aseguró Rojas.

Fundación-Bordado-a-Mano- Bellavista -2013

En la reunión, realizada el 20 de septiembre en el auditorio de la cárcel Bellavista, se divulgó la tarea que desde marzo se hace con los preliberados en ese centro carcelario. Entre los resultados se destaca el trabajo con 382 personas a quienes se les prepara para la libertad.  A ellos se les enseña a presentarse en una entrevista de trabajo, hacer hojas de vida, adaptarse de  nuevo a la  sociedad y al hogar. Además, se les da educación en pautas de crianza y se hace un

“Nosotros como actores sociales somos los llamados a ser solidarios con ellos. Buscamos demostrarle  a las personas que quedan en libertad que sí se puede vivir en la sociedad sin volver al delito”, dijo Rojas.trabajo individual para conocer sus fortalezas y habilidades.

El próximo encuentro será el 13 de diciembre, en el cual se divulgarán los avances de las diferentes medidas adoptadas. Además, se quiere contar con la presencia de la Personería de Medellín y la Procuraduría para encontrar soluciones desde esas instituciones al tema de los pospenados.

Fundación-Bordado-a-Mano- Bellavista -2013

Enseñar en la cárcel, alegría de Olga

El regreso a la cárcel, esta vez como instructora de bordado, es una de las experiencias más satisfactorias que ha tenido Olga Cecilia, quien aprovechó la oportunidad para enseñar una de sus pasiones, pero también para conocer nuevas personas y revivir los recuerdos de la estancia en una cárcel. Ella sigue a la espera de poder regresar a Bellavista y estar de nuevo con sus muchachos, enseñándoles a bordar.

Peter Ramírez. 15/08/2013

Ella nunca se imaginó que volvería a pisar una cárcel y, mucho menos, una de hombres. Tampoco pasó por su mente que cruzaría las puertas del encierro para desempeñarse como instructora de bordado español. Pero así le sucedió y, durante los meses que duró, fue feliz enseñando, conociendo gente y reviviendo en algo su paso tras las rejas.

El regreso de Olga Cecilia a la cárcel se dio cuando la Fundación Bordado a Mano y el Centro de Reclusión Bellavista hicieron un convenio para que un representante de la fundación, semanalmente, les enseñara la técnica de bordado español a los internos.

Cuando se enteró de la idea y le propusieron dictar el curso, no lo pensó dos veces. Era la oportunidad de enseñar bordado, una de sus pasiones. También, de estar otra vez en una cárcel, un lugar que, pese a las dificultades y tormentos que trae consigo, fue una experiencia que cambió su vida. Por eso, no le dada temor recordar esa etapa de su vida, esos ocho años y cuatro meses de encierro.Fundación Bordado a Mano-1.jpg

“Yo me animé mucho y me pareció tan rico estar allá con ellos, conocer, compartir desde mi libertad y compartir ese mundo de la cárcel. No me dio miedo y me gustó mucho la idea.  Le conté a mucha gente, a mi familia, a mis amigos y a los del colegio”, dice. Y es que en este momento, Olga está validando los grados octavo y noveno en una institución educativa de Campo Valdés.

Cuando le advirtieron que no iba a recibir dinero a cambio de sus labores en Bellavista, no le importó. Cuando le dijeron que era un voluntariado y sin ninguna remuneración solo dijo: “no le hace, con tal de que me den para los pasajes y para el tinto, yo voy”. Las ganas de enseñar bordado y estar de nuevo en una cárcel la convencieron.

De nuevo en una cárcel

Dispuesta a enseñar bordado español, y tras 20 meses de libertad, Olga llegó a Bellavista. Después de muchos meses volvía a pisar una cárcel, pero las circunstancias eran muy diferentes a cuando estuvo recluida en El Pedregal y en El Buen Pastor. Esta vez, iba como visitante y como toda una profesora. Pero, cuando vio el lugar, inevitablemente supo que aquella atmosfera le haría revivir sus momentos como interna.

“Me puse bien linda y me organicé. Cuando vi la cárcel me dio un susto. No de entrar, no de estar dentro de la reclusión. No sé explicarlo, pero el ánimo no se me cayó”, recordó una entusiasmada Olga.

Adentro en la cárcel, después de pasar los protocolos de ingreso,  llegó ante un grupo de hombres del patio 12, que esperaban dispuestos a recibir su primera clase de bordado español.

Ese primer día lo aprovechó para presentarse y decirle a sus alumnos de qué se trataba el curso. Les enseñó cosas básicas: cómo enhebrar una aguja, las medidas de las telas. Pero, su personalidad extrovertida y amigable, la llevó a aprovechar el encuentro para saber más de la vida de ellos, conocerlos, preguntarles cosas típicas de la cárcel. Quiso saber cómo estaban, desde cuándo eran internos y por qué estaban presos.

“Yo cuando llegué a la cárcel me sentí como parte de ella, retrocedí en mi tiempo. Recordé la convivencia, los alimentos, el bongo – lugar donde comen los internos – la salida, toda esa problemática que se presenta en una reclusión. Pero nada… para adelante”. Fundación- Bordado -a -Mano-2.jpg

Bordar para cambiar la rutina

Estar en la cárcel no es fácil y Olga lo sabe muy bien, su paso por aquel lugar fue un contraste de buenas y malas experiencias. Para ella lo más difícil de la vida tras las rejas es la convivencia y la monotonía, “uno tiene que aprender a convivir, porque el tener que ver las mismas caras de los guardianes y de las compañeras todo el tiempo, se va volviendo aburridor. Pero allá, usted mismo se hace la vida buena o mala”.

Por eso se entusiasmó con el curso de bordado. Sabía que era una forma de ayudarles a combatir esa rutina deprimente, que ella un día vivió en la cárcel. “La idea era que ellos manejaran una vida diferente a la extramural, que no fuera levantarse, ir al bongo, vagar y estresarse. Era sacarlos poco a poco de esa monotonía carcelaria”.

El bordado puede convertirse en una pasión y es una actividad que requiere mucho tiempo de dedicación, por eso es una actividad ideal para los internos.  “Una vez alguien del curso expresó su pereza de bordar, pero yo le decía: no hermano uno encerrado y con pereza, anímese esta es una forma de relajarse”.

Olga y sus muchachos

El curso fue dirigido en especial a la población homosexual de Bellavista. Para Olga fue una gran experiencia, quedó encantada con la calidez y la amabilidad que le brindaban. “Convivir con ellos fue muy bonito, fueron atentos, respetuosos, íntegros, dispuestos a aprender”.

Mediante las clases, Olga, quien ha vivido en carne propia el rechazo, comprendió mejor la situación de varios de los internos, que también han sido excluidos por su propia familia, por los mismos internos y por la sociedad. “Son muchas veces rechazados en esta porquería de mundo”.

Olga siempre encuentra palabras para expresar sus emociones, pero cuando recordaba su tarea en la cárcel y a su grupo de aprendices, se le quiebra la voz y sus ojos se encharcan. “No tengo palabras para decir…, aprendían rápido y se superaban cada vez más en el bordado, siempre estaban disponibles. Uno decía: ¡qué rico, vino la profe! Ellos mismos me cargaban, me invitaban a tinto, a cigarrillos, me sostenían el pelo, me decían: ¡qué tan lindas esas arrugas!”.

Bordar, una oportunidad para salir adelante

Olga aprendió bordado cuando estaba en la cárcel y sabe que para aprenderlo se requiere mucha dedicación y sobre todo mucha paciencia, porque un pequeño error daña todo un trabajo.

Por eso, y  a pesar de que reconoce no ser una persona paciente, esta vez, supo orientar su grupo con toda tranquilidad, sin afanes, siendo compresiva y corrigiéndolos con cariño. “Yo me puse en los zapatos de ellos,  cuando me decían: ‘¿cómo hago esto?’ o ‘esto me quedó mal’,  yo les respondía: ‘tranquilos mis amores, relájense, no se preocupen’ y les volvía a enseñar. Es que yo también dañé mucha tela para poder aprender. Algunos bordan muy lindo, creo que hasta mejor que yo”.

El bordado español es una técnica en la que, a través de punteadas, se crean figuras o cualquier tipo de diseño en telas de algodón, en especial en tela escocesa, para producir individuales, batolas, baberos, toallas, fundas y manteles.

La idea es que las personas aprendan el bordado español, lo practiquen como una actividad en la cárcel que les disminuya su condena, hagan sus propios productos y, más adelante, los puedan comercializar, inclusive montando una microempresa de internos.

Olga recuerda que durante los cursos, los internos bordaron tollas, individuales y portavasos. Muchos de esos productos se los daban a sus familias y otros se quedaban en la cárcel. Lo que más querían bordar eran toallas y fundas de almohadas.

Poco a poco Olga se fue ganado la confianza y el cariño de los internos y vigilantes. Ya tenía permiso de ir por los patios 2, 5, 8 y 12 para preguntar quiénes querían aprender a bordar y llevárselos a un pequeño salón para dar su clase. Cada clase semanal duraba entre 3 y 4 Fundación- Bordado -a -Mano-2.jpghoras.

El fin de los cursos y de la alegría de Olga

Desde hace algunas semanas, los cursos de bordado español ya no se dictan en Bellavista. La razón es la falta de recursos para materiales de buena calidad y para transporte. Por ello, la fundación no ha podido continuar con esta actividad. “Me quedo con la satisfacción y la alegría de que mientras estuve yendo, me devolvía cada vez más contenta, porque siempre les veía las ganas de aprender y los progresos de los bordados”.

Olga sigue a la espera de que un día la llamen y le digan que puede volver a dar sus cursos a Bellavista y, si tiene suerte, empezar el curso en El Pedregal y, de nuevo, enseñar y disfrutar el compartir unas horas con los internos.

Mientras tanto Olga, a sus 53 años, sigue vinculada a la Fundación Bordado a Mano, luego de 26 meses de libertad. Vive en la casa materna con su hermana y sigue recorriendo las calles de la ciudad, como siempre lo ha hecho. Quiere terminar su bachillerato y sigue en la búsqueda de oportunidades en una sociedad que la rechaza y le cierra las puertas, por ser pospenada. Hoy, con el apoyo de especialistas, lucha contra el consumo de drogas, que la acompañó durante 35 años de su vida. Piensa dejarlo atrás para siempre, pues fue eso lo que le quitó su libertad.

Con los ojos encharcados, recuerda el inesperado fin de los cursos, le duele no haberse podido despedir de sus muchachos, de dejar las clases a medias. Cuando las lágrimas son inevitables, dice: “qué pesar, lloro de rabia, de impotencia, por no tener yo misma materiales e ir a dar los cursos, de no poder enseñarles. Me da tristeza, además, porque ellos estaba contando con una certificación por asistir al curso. Me da verraquera y dolor no poder estar con ellos, son muy lindos”.