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En Medellín se buscan soluciones para frenar la crisis carcelaria

El Concejo de Medellín debatió este miércoles 9 de octubre, sobre la crisis carceleria que se presenta en El Pedregal y Bellavista. En la ciudad, cada día, 30 personas son ingresadas a los centros de reclusión. La prevención del delito y una mejor calidad de los procesos de reintegración son algunas de las acciones propuestas para darle solución a esta problemática.

 Peter Ramírez. 10/10/2013

El hacinamiento es el principal problema que se ve en las cárceles de todo el país.  Y en Medellín, según el Inpec, diariamente son remitidas 30 personas desde los calabozos de la Alpujarra a los centros de reclusión de la ciudad. Ante esta situación, se hace imposible evitar la sobrepoblación en El Pedregal y Bellavista,  lo que genera la vulneración de muchos de los derechos de los reclusos.Debate-Concejo- fundación-Bordado-a-mano

Para la directora Regional Noroeste del Inpec, Diana Carmenza Rúa,  el hacinamiento en Medellín es una situación preocupante y refleja la problemática delincuencial de  la ciudad. “Desde el Inpec se evidencia que los índices de delincuencia en la ciudad se incrementan por  el alto número de internos que nos han entregado cada día. Si seguimos con esa tendencia tan elevada al delito, va a ser bien complicado que podamos llegar a bajar algún día el nivel de hacinamiento”.

Entre los delitos más comunes de las personas remitidas a los centros carcelarios están: porte de estupefacientes, concierto para delinquir y hurto. Por eso, “se hace necesaria la estructuración de una política criminal, porque el sistema se va a reventar “, expresó la funcionaria.

Al 30 de septiembre del 2013, el hacinamiento en Bellavista alcanzó el 186 por ciento, con una población cercana a los 7 mil internos. Y en El Pedregal, en la sección de hombres, alcanza el 48 por ciento de sobrepoblación.

Prevención del delito

Frente a esa problemática delincuencial, que se refleja  en el hacinamiento  de los centros penitenciarios, se debatió en el Concejo de Medellín para encontrar posibles soluciones a la crisis carceleria.

Para el concejal Yefferson Miranda, uno de los proponentes del debate, se debe buscar un nuevo modelo  de intervención y atención del delito, que ayude a superar la situación en los centros de reclusión. “Hemos planteado que el problema de las cárceles es un síntoma, no la problemática real. La problemática es el delito”,  afirmó Miranda.

La propuesta del concejal Miranda contempla un modelo de prevención del delito, y que durante el proceso de reclusión y de reintegración en las cárceles, exista un acompañamiento jurídico, sicológico, ocupacional y de emprendimiento del interno. Además, para el concejal del Partido Verde, también se hace necesario  atacar la reincidencia por parte de las personas que quedan en libertad.  “Lo que se busca es mitigar y atender el problema del delito, no solo buscar la judicialización”,  afirmó.??????????????????????????????????????????

Los problemas en las cárceles

La sesión en el Concejo sirvió para reiterar los problemas en las cárceles y que atentan contra la dignidad de las reclusos.

El personero de Medellín,  Rodrigo Ardila, dio cuenta de los problemas que se presentan en las cárceles, como el hacinamiento, la violencia, deficiencias en materia de servicios públicos y las carencias de oportunidades y medios para la resocialización  de los reclusos.

En materia de salud,  el personero afirmó que “continúa en cuidados intensivos. Hay procedimientos y ayudas diagnósticas represadas. Además,  se presentan importantes  limitaciones para garantizar el derecho a la salud en el suministro de medicamentos”.

Por parte del Inpec también se presentaron quejas frente al servicio de salud.  “Seguimos requiriendo a Caprecom de manera muy seria para que venga y nos cumpla con soluciones adecuadas a situaciones como el suministro de medicamentos y los procedimientos represados.  No podemos continuar de la misma forma”, afirmó Rúa.

Una de la soluciones propuestas por los concejales para mitigar el problema de salud fue la de estudiar la posibilidad para que la EPS Savia Salud sea la encargada de brindar los servicios de médicos a la población carceleria.

Discriminación laboral

Otro de los puntos a debatir fue el proceso de resocialización que se debería cumplir en las cárceles y que en la actualidad presenta muchas deficiencias. Por ejemplo, en Bellavista, el Inpec se vio obligado a convertir espacios destinados al estudio y al trabajo de los reclusos en lugares para dormir.

Durante la sesión, también se habló del problema de rechazo que sufren las personas que buscan un trabajo después de salir de la cárcel, a causa de sus  antecedentes judiciales.

Para el concejal Miranda “la discriminación laboral delimita el camino otra vez hacia la delincuencia o hacia la informalidad. Delinque y otra vez para la cárcel, ese es el modelo que tenemos en esta sociedad”. Para él, se hace necesario “exenciones tributarias para empresarios que den empleo a los pospenados”.

Cabe recordar que el artículo 98 de la Ley 633 de 2000, establece los beneficios tributarios de las empresas que vinculen personas pospenadas a sus empresas. De todas maneras, pese a lo estipulado,  es evidente que pocas empresas dan oportunidades a la población que queda en libertad. Es por esta razón que la Fundación Bordado a Mano trabaja para que las personas pospenadas tengan oportunidades laborales dignas y que les ayude al sustento de sus familias, pero sobre todo para que ellas cumplan con el objetivo  de una verdadera resocialización y que se sientan  parte de la sociedad en esta nueva etapa de sus vidas.

En la actualidad, Bordado a Mano cuenta con el apoyo de Industrias Gales e industrias de Acero IDEACE, quienes brindan trabajo a cerca de 20 mujeres pospenadas. Aun así, requerimos el apoyo de instituciones oficiales y de la empresa privada para aumentar el número de personas trabajando, continuar cumpliendo con nuestra labor social y desarrollar otras iniciativas productivas con más mujeres que quieren aprovechar otra oportunidad.

????????????????????????????????????????Acciones frente a la crisis

Como estrategia a nivel nacional, el Inpec dio a conocer una iniciativa que busca crear 60 mil nuevos cupos en las cárceles de todo el país en los próximos años.

Por su parte, el concejal Miranda anunció que el Área Metropolitana destinará 20 mil millones de pesos al Ministerio de Justicia, para que se invierta en las cárceles de Medellín, y así se podría ayudar a ampliar la infraestructura de ambos centros carcelarios y crear más cupos.

También se habló de la necesidad de fortalecer las acciones de prevención en los niños y  adolescentes,  pues casi el 50 por ciento de los reclusos en Medellín son jóvenes, lo que evidencia los problemas sociales de la ciudad y que los grupos delincuenciales se aprovechan de esa población.??????????????????????????????????????????

Los familiares de los reclusos también tuvieron  su espacio y brevemente  manifestaron los problemas que sus seres queridos viven en las cárceles, como los constantes atropellos y maltratos, los malos servicios en la alimentación y las fallas en el suministro de medicamentos.

Por último, Diana Carmenza Rúa, hizo llamado para buscar una política penitenciaria que permita el buen tratamiento a estas personas.  “No podemos olvidar jamás que los internos que están en los establecimientos  continúan con su condición de ciudadanos y a ellos también hay que dirigirles programas que beneficien sus condiciones de vida”.

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Enseñar en la cárcel, alegría de Olga

El regreso a la cárcel, esta vez como instructora de bordado, es una de las experiencias más satisfactorias que ha tenido Olga Cecilia, quien aprovechó la oportunidad para enseñar una de sus pasiones, pero también para conocer nuevas personas y revivir los recuerdos de la estancia en una cárcel. Ella sigue a la espera de poder regresar a Bellavista y estar de nuevo con sus muchachos, enseñándoles a bordar.

Peter Ramírez. 15/08/2013

Ella nunca se imaginó que volvería a pisar una cárcel y, mucho menos, una de hombres. Tampoco pasó por su mente que cruzaría las puertas del encierro para desempeñarse como instructora de bordado español. Pero así le sucedió y, durante los meses que duró, fue feliz enseñando, conociendo gente y reviviendo en algo su paso tras las rejas.

El regreso de Olga Cecilia a la cárcel se dio cuando la Fundación Bordado a Mano y el Centro de Reclusión Bellavista hicieron un convenio para que un representante de la fundación, semanalmente, les enseñara la técnica de bordado español a los internos.

Cuando se enteró de la idea y le propusieron dictar el curso, no lo pensó dos veces. Era la oportunidad de enseñar bordado, una de sus pasiones. También, de estar otra vez en una cárcel, un lugar que, pese a las dificultades y tormentos que trae consigo, fue una experiencia que cambió su vida. Por eso, no le dada temor recordar esa etapa de su vida, esos ocho años y cuatro meses de encierro.Fundación Bordado a Mano-1.jpg

“Yo me animé mucho y me pareció tan rico estar allá con ellos, conocer, compartir desde mi libertad y compartir ese mundo de la cárcel. No me dio miedo y me gustó mucho la idea.  Le conté a mucha gente, a mi familia, a mis amigos y a los del colegio”, dice. Y es que en este momento, Olga está validando los grados octavo y noveno en una institución educativa de Campo Valdés.

Cuando le advirtieron que no iba a recibir dinero a cambio de sus labores en Bellavista, no le importó. Cuando le dijeron que era un voluntariado y sin ninguna remuneración solo dijo: “no le hace, con tal de que me den para los pasajes y para el tinto, yo voy”. Las ganas de enseñar bordado y estar de nuevo en una cárcel la convencieron.

De nuevo en una cárcel

Dispuesta a enseñar bordado español, y tras 20 meses de libertad, Olga llegó a Bellavista. Después de muchos meses volvía a pisar una cárcel, pero las circunstancias eran muy diferentes a cuando estuvo recluida en El Pedregal y en El Buen Pastor. Esta vez, iba como visitante y como toda una profesora. Pero, cuando vio el lugar, inevitablemente supo que aquella atmosfera le haría revivir sus momentos como interna.

“Me puse bien linda y me organicé. Cuando vi la cárcel me dio un susto. No de entrar, no de estar dentro de la reclusión. No sé explicarlo, pero el ánimo no se me cayó”, recordó una entusiasmada Olga.

Adentro en la cárcel, después de pasar los protocolos de ingreso,  llegó ante un grupo de hombres del patio 12, que esperaban dispuestos a recibir su primera clase de bordado español.

Ese primer día lo aprovechó para presentarse y decirle a sus alumnos de qué se trataba el curso. Les enseñó cosas básicas: cómo enhebrar una aguja, las medidas de las telas. Pero, su personalidad extrovertida y amigable, la llevó a aprovechar el encuentro para saber más de la vida de ellos, conocerlos, preguntarles cosas típicas de la cárcel. Quiso saber cómo estaban, desde cuándo eran internos y por qué estaban presos.

“Yo cuando llegué a la cárcel me sentí como parte de ella, retrocedí en mi tiempo. Recordé la convivencia, los alimentos, el bongo – lugar donde comen los internos – la salida, toda esa problemática que se presenta en una reclusión. Pero nada… para adelante”. Fundación- Bordado -a -Mano-2.jpg

Bordar para cambiar la rutina

Estar en la cárcel no es fácil y Olga lo sabe muy bien, su paso por aquel lugar fue un contraste de buenas y malas experiencias. Para ella lo más difícil de la vida tras las rejas es la convivencia y la monotonía, “uno tiene que aprender a convivir, porque el tener que ver las mismas caras de los guardianes y de las compañeras todo el tiempo, se va volviendo aburridor. Pero allá, usted mismo se hace la vida buena o mala”.

Por eso se entusiasmó con el curso de bordado. Sabía que era una forma de ayudarles a combatir esa rutina deprimente, que ella un día vivió en la cárcel. “La idea era que ellos manejaran una vida diferente a la extramural, que no fuera levantarse, ir al bongo, vagar y estresarse. Era sacarlos poco a poco de esa monotonía carcelaria”.

El bordado puede convertirse en una pasión y es una actividad que requiere mucho tiempo de dedicación, por eso es una actividad ideal para los internos.  “Una vez alguien del curso expresó su pereza de bordar, pero yo le decía: no hermano uno encerrado y con pereza, anímese esta es una forma de relajarse”.

Olga y sus muchachos

El curso fue dirigido en especial a la población homosexual de Bellavista. Para Olga fue una gran experiencia, quedó encantada con la calidez y la amabilidad que le brindaban. “Convivir con ellos fue muy bonito, fueron atentos, respetuosos, íntegros, dispuestos a aprender”.

Mediante las clases, Olga, quien ha vivido en carne propia el rechazo, comprendió mejor la situación de varios de los internos, que también han sido excluidos por su propia familia, por los mismos internos y por la sociedad. “Son muchas veces rechazados en esta porquería de mundo”.

Olga siempre encuentra palabras para expresar sus emociones, pero cuando recordaba su tarea en la cárcel y a su grupo de aprendices, se le quiebra la voz y sus ojos se encharcan. “No tengo palabras para decir…, aprendían rápido y se superaban cada vez más en el bordado, siempre estaban disponibles. Uno decía: ¡qué rico, vino la profe! Ellos mismos me cargaban, me invitaban a tinto, a cigarrillos, me sostenían el pelo, me decían: ¡qué tan lindas esas arrugas!”.

Bordar, una oportunidad para salir adelante

Olga aprendió bordado cuando estaba en la cárcel y sabe que para aprenderlo se requiere mucha dedicación y sobre todo mucha paciencia, porque un pequeño error daña todo un trabajo.

Por eso, y  a pesar de que reconoce no ser una persona paciente, esta vez, supo orientar su grupo con toda tranquilidad, sin afanes, siendo compresiva y corrigiéndolos con cariño. “Yo me puse en los zapatos de ellos,  cuando me decían: ‘¿cómo hago esto?’ o ‘esto me quedó mal’,  yo les respondía: ‘tranquilos mis amores, relájense, no se preocupen’ y les volvía a enseñar. Es que yo también dañé mucha tela para poder aprender. Algunos bordan muy lindo, creo que hasta mejor que yo”.

El bordado español es una técnica en la que, a través de punteadas, se crean figuras o cualquier tipo de diseño en telas de algodón, en especial en tela escocesa, para producir individuales, batolas, baberos, toallas, fundas y manteles.

La idea es que las personas aprendan el bordado español, lo practiquen como una actividad en la cárcel que les disminuya su condena, hagan sus propios productos y, más adelante, los puedan comercializar, inclusive montando una microempresa de internos.

Olga recuerda que durante los cursos, los internos bordaron tollas, individuales y portavasos. Muchos de esos productos se los daban a sus familias y otros se quedaban en la cárcel. Lo que más querían bordar eran toallas y fundas de almohadas.

Poco a poco Olga se fue ganado la confianza y el cariño de los internos y vigilantes. Ya tenía permiso de ir por los patios 2, 5, 8 y 12 para preguntar quiénes querían aprender a bordar y llevárselos a un pequeño salón para dar su clase. Cada clase semanal duraba entre 3 y 4 Fundación- Bordado -a -Mano-2.jpghoras.

El fin de los cursos y de la alegría de Olga

Desde hace algunas semanas, los cursos de bordado español ya no se dictan en Bellavista. La razón es la falta de recursos para materiales de buena calidad y para transporte. Por ello, la fundación no ha podido continuar con esta actividad. “Me quedo con la satisfacción y la alegría de que mientras estuve yendo, me devolvía cada vez más contenta, porque siempre les veía las ganas de aprender y los progresos de los bordados”.

Olga sigue a la espera de que un día la llamen y le digan que puede volver a dar sus cursos a Bellavista y, si tiene suerte, empezar el curso en El Pedregal y, de nuevo, enseñar y disfrutar el compartir unas horas con los internos.

Mientras tanto Olga, a sus 53 años, sigue vinculada a la Fundación Bordado a Mano, luego de 26 meses de libertad. Vive en la casa materna con su hermana y sigue recorriendo las calles de la ciudad, como siempre lo ha hecho. Quiere terminar su bachillerato y sigue en la búsqueda de oportunidades en una sociedad que la rechaza y le cierra las puertas, por ser pospenada. Hoy, con el apoyo de especialistas, lucha contra el consumo de drogas, que la acompañó durante 35 años de su vida. Piensa dejarlo atrás para siempre, pues fue eso lo que le quitó su libertad.

Con los ojos encharcados, recuerda el inesperado fin de los cursos, le duele no haberse podido despedir de sus muchachos, de dejar las clases a medias. Cuando las lágrimas son inevitables, dice: “qué pesar, lloro de rabia, de impotencia, por no tener yo misma materiales e ir a dar los cursos, de no poder enseñarles. Me da tristeza, además, porque ellos estaba contando con una certificación por asistir al curso. Me da verraquera y dolor no poder estar con ellos, son muy lindos”.

“Con las condiciones actuales en las cárceles es difícil que una persona pueda rehabilitarse”

Las personas privadas de la libertad afrontan una situación que vulnera sus derechos y da pocas oportunidades de empezar una vida nueva. A través del proyecto Promoción de los Derechos Humanos de la Población Carcelaria y su Reintegración Social, la Alcaldía de Medellín, desde este año, interviene en las cárceles El Pedregal y Bellavista, con el objetivo de ayudar a la resocialización de los presos y prepararlos para un nuevo comienzo.  Esta iniciativa pone énfasis en los derechos humanos y abarca a preliberados, pospenados y sus familias. El coordinador del proyecto, Edwin Andrés Rendón, explica las características y  los resultados de esta iniciativa durante estos primeros meses de ejecución.

 Peter Ramírez. 29/07/2013

¿Cuáles son las condiciones que se encuentran cuando visitan las cárceles El Pedregal y Bellavista?

Perder la libertad es también perder una cantidad de derechos, no debería ser así, pero esa es la realidad. Nos encontramos con el hacinamiento, que es una cuestión muy dolorosa y que no ayuda a la resocialización. También el mal ocio, personas que no hacen algo productivo en la cárcel; condiciones para dormir muy difíciles; mala alimentación; muy poco espacio; problemas con la calidad del aire; roedores; falta de salubridad y de la atención médica.  Usted junta todo eso y se encuentra con un ser que está intentando rehabilitarse, pero que le queda muy difícil en esas condiciones.

Frente a esta situación en las cárceles, ¿qué busca el proyecto?

Este proyecto, que nace del programa de Intervención Social en Cárceles de la alcaldía de Sergio Fajardo, ha tenido continuidad y en este periodo del alcalde Aníbal Gaviria, se cambia el nombre por el de proyecto de Promoción de los Derechos de la Población Carcelaria y su Reintegración Social. El objetivo es contribuir a la reintegración de las personas preliberadas, pospenadas y su entorno socio familiar, a través de la formación y el acompañamiento psicosocial, jurídico y ocupacional, promoviendo la no reincidencia, la prevención del delito  y  el fomento de una cultura en la legalidad, para que no vuelvan a repetir esos malos actos que hicieron a la sociedad, a la familia y a ellos mismos. Mientras se hacía el empalme con la administración anterior, este programa solo pudo iniciar en febrero de 2013. Hasta julio de este año hemos intervenido un total de 2.285  personas, entre internos, pospenadas y familiares de ellos, superando la meta que teníamos establecida.

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