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Después de la cárcel, un canto a la vida

Salir de la cárcel es una oportunidad para rehacer la vida. Y qué mejor manera de hacerlo que estar junto a la familia, tener un trabajo digno y mirar el futuro con optimismo. Esta es la historia de una de las mujeres de la Fundación a Mano, quien aprovecha y disfruta estar de nuevo en libertad.

Peter Ramírez. 28/10/2013

Hoy, tiene muchos motivos para sonreír. Recuperó la libertad, comparte los días al lado de su familia y puede mostrar sus habilidades en el trabajo que realiza. Pero, algún tiempo atrás, una amarga experiencia le quitó por unos días la sonrisa de los labios: estuvo encarcelada cinco años y tres meses.F-Bordado-a-Mano--RC-06

Rubiela Carvajal, a sus 52 años de edad, ha vivido muchos momentos duros, pero siempre se ha mantenido fuerte, optimista y ha luchado por su familia. El golpe más doloroso que ha recibido fue cuando la capturaron en su casa y delante de su familia. Ese día, su sufrimiento fue causado, más que nada, por tener que separarse de su hijo y sus tres hijas e irse a prisión con la incertidumbre sobre quién los cuidaría mientras ella no estaba.

La tercera fue la vencida

El camino que la llevó a la cárcel empezó en el 2006, cuando vendía dulces y cigarrillos en las calles del centro de Medellín. Ella vivía con sus hijos en un inquilinato del sector, en el que pagaba 10 mil pesos diarios. Las deudas y la dificultad para mantener a su familia le hicieron aceptar una propuesta que finalmente la llevaría al encierro. “Un día una compañera me dijo: ‘usted que es boba, yo veo que está muy necesitada. Trabaje como yo.  Yo le pregunté: ‘¿usted en qué trabaja?’ y ella me dijo: ‘vendiendo droga’”. Desde ese momento, Rubiela comenzó a vender bazuco y a obtener mucho más  dinero del que conseguía vendiendo chicles. “Me iba bien, yo me ganaba entre 120 y 130 mil pesos diarios y trabajaba desde las 8 hasta las 6 de la tarde”.

A pesar de que sabía los riesgos que tenía vender drogas, se sentía feliz porque podía pagar el hotel, la comida y comprarles ropa a sus hijas. Lo único que la hacía sentir nerviosa era cuando veía a ‘los verdes’. “Pero qué se va a hacer, si yo tengo la responsabilidad de no dejar aguantando hambre a mi familia”, afirma.

Con su nueva mercancía se fue a vender a Barrio Triste, donde además del bazuco, el cual costaba entre mil y dos mil pesos, vendía cigarrillos, vino, alcohol y el “cuero”, el papel que sirve para armar el bazuco o la marihuana.  F-Bordado-a-Mano--RC-03

Cuando llevaba tres meses vendiendo droga, la capturaron por primera vez. “Un día yo saqué una bolsita y de ahí cogí algo y se lo di a un muchacho que me estaba comprando, y cuando iba guardar la bolsita llegó la policía y me capturó”. En la bolsita tenía 14 bazucos. Al otro día, en la audiencia, le otorgaron la libertad condicional y le impusieron una multa.

Esa experiencia no influyó para que dejara de vender drogas. Las deudas,  la necesidad, el dinero fácil le animaron a continuar su peligrosa aventura. “Siempre pensé que me cogían y me iba a soltar, era como un juego”. Y así fue, pocos meses después, fue otra vez capturada, pero, tras el aplazamiento de la audiencia aplazada, fue dejada en libertad.

En el 2008, la policía la encontró otra vez vendiendo bazuco. De nuevo, la dejaron en libertad y otra vez su audiencia quedó aplazada. Pero ese juego del gato y el ratón no iba a durar para siempre. Después de su tercera captura, ella estaba segura que no le iba a pasar nada, inclusive le insistía a su abogado para que le avisara cuándo tenía que presentarse a la audiencia.

La captura

Un día, al llegar a casa, su hermana le contó que la habían llamado de la Fiscalía y que debía devolverles la llamada.  “Yo pensé que era para decirme qué día me tocaba la audiencia. Entonces, llamé preguntado que si me necesitaban por lo de la audiencia. Ellos me preguntaron que yo dónde estaba, que les diera la dirección, y que no me moviera. Yo les dije que aquí los espero”. La audiencia en donde le habían determinado la orden de captura ya se había hecho y ese día fueron para llevársela a la cárcel. Rubiela fue sentenciada a 60 meses de prisión, pero logró que se la rebajaran a 51.

Sobre el día que la detuvieron recuerda que lloró mucho y que al despedirse de sus hijos le dijo al mayor que cuidada a las niñas. El sufrimiento para ella era por perder a su familia y la angustia por pensar que se iban a quedar sin un hogar. Después de la captura sus hijas, menores de edad, fueron entregadas al ICBF y meses después, se fueron a vivir con una de las hermanas de Rubiela.

Amor por la familia

Rubiela nació en Andes, Antioquia. Cuando tenía dos años, su padre abandonó el hogar y dejó sola a la madre en la crianza de los hijos. Desde pequeña le ha tocado trabajar, y solo pudo estudiar hasta cuarto de primaria. A los 8 años de edad, su familia se vino a vivir al barrio Manrique, “me tocó pedir de puerta en puerta sobraditos”, recuerda de esos primeros años en Medellín.F-Bordado-a-Mano--RC-01

A los 18 años conoció a un hombre, con el que tendría tres hijos, el que la abandonaría antes de que naciera el tercero. Desde entonces, ella sola tuvo que criar a sus hijos.   “Los levanté trabajando en casas de familia. Pasamos muchos  problemas económicos, a veces les tenía dinero para el estudio y otras veces no”. Después conoció a otro hombre con el que tuvo una hija y del cual se separó, quedando otra vez sola a cargo de sus pequeños.

Cuando vivía en el barrio Santo Domingo, Rubiela fue obligada a abandonar su casa.  “Yo tenía una chazita donde vendía confites y cigarrillos, y un día un hombre me vino a comprar un cigarrillo y en ese momento ahí mismo lo mataron. El que le disparó me dijo, que me abriera o sino me pasaba lo mismo”. Ella salió del barrio con sus hijos de inmediato, dejando todas sus pertenencias y se fue a vivir al centro de Medellín. Así fue como llegó a vivir en el inquilinato hasta su captura en el 2008.

Valorar la libertad

La primera noche que ella pasó en la cárcel sufrió mucho.  “Me puse a llorar y pensaba en mis hijas y el lugar donde se iban a quedar”, recuerda. Pero el resto del tiempo de la condena no fue ningún problema, se adaptó rápidamente al encierro  y aceptó el castigo. “Yo soy consciente de lo que hice y el estar en la cárcel yo me lo busqué. Si uno hace una cosa mala, uno sabe que la debe pagar”, asegura.

Sobre los cinco años que pasó en la cárcel dice que ni los sintió y que la rutina en prisión tampoco la afectó. “La vida encerrada no es ni tan maluca ni tan feliz. La vida allá uno misma se la hace. Uno tiene que portarse bien para no tener problemas con la guardia o que le sumen la condena, o le quiten la condicional, uno debe de ser aplicado y decente”. Es más, para ella ese tiempo en la cárcel fue toda una bendición, porque como asegura, “uno aprende a valorar más a los hijos, a las personas, a la sociedad y a uno mismo. Y se da cuenta de que la libertad es muy bonita”.

Rubiela tomó la cárcel como una verdadera oportunidad de cambio y de seguir sonriéndole a la vida y no le importó el mal humor de sus compañeras de prisión o el silencio y la nostalgia que se vive en el encierro. Por eso, de vez en cuando se ponía a cantar. “Me acuerdo que algunas decían ‘miran a esta, encerrada, y cantando y riéndose’. Yo les decía ‘bueno muchachas, no vamos a pensar en nada, vamos a reírnos, a charlar a contar cuentos”.

Pero lo mejor que le sucedió en la cárcel fue la oportunidad de trabajar, porque así pudo obtener dinero para enviar cada mes a su hijos, tener derecho a rebaja de pena  y aprender el ensamble de chapas, oficio que también le ha servido para trabajar después de quedar en libertad. Rubiela trabajó para Industrias de Acero IDEACE, ganándose 75 mil pesos semanales.

Nuevo trabajo, nueva vida

Para ella, la familia es lo más importante  y desde que a los 24 años tuvo a su primer hijo, ellos han sido su prioridad y son la fuerza que hoy la hace dejar atrás su pasado y tener un trabajo digno.

Hace unos meses, aprovechando las 72 horas de permiso para salir de la cárcel, se fue para donde el juez y le solicitó que le diera la libertad, pues ella estaba segura que ya había cumplido su condena. Él le dijo que estaba a la espera de recibir los papeles por parte del centro de reclusión. Cuando ella preguntó en la cárcel por los documentos, le respondieron que los trámites para su libertad ya se estaban haciendo. “Estaba segura que ya casi me iba y yo decía: yo ya me voy, aquí no paso el día de Amor y Amistad, sino que lo paso con mis hijos”, asegura, recordando esos momentos de expectativa respecto a su libertad.F-Bordado-a-Mano--RC-02

A principios de septiembre, recibió la notificación de que saldría de la cárcel. “Yo no dormía esos días, yo decía: ¡libertad, Dios mío bendito! Cuando llegó el momento, ahí mismo llamé llorando a mi casa a mis niñas y les dije que ya podían venir a recogerme”. El 4 de septiembre pudo regresar a su hogar y cumplir su deseo de pasar el día de amor y amistad acompañada de sus hijos.

Antes de salir de la cárcel Rubiela habló con su supervisor de IDEACE y le pidió que le diera trabajo cuando ella saliera, pues sabía que a alguien que haya estado en la cárcel es difícil que le den un empleo. “Yo necesito que me tenga en cuenta en su empresa,  para el trabajo soy puntual y buena persona”, le dijo.

A los pocos días la llamaron a su casa para contarle del nuevo taller de ensamble que IDEACE iba a abrir en la Fundación Bordado a Mano. Desde entonces, Rubiela trabaja juiciosa y alegremente, siendo de las mejores trabajadoras y sobre todo contagiando con su alegría y optimismo a las otras mujeres que al igual que ella pasaron por la cárcel.

En su trabajo, sus compañeros ya se acostumbraron a que mientras escuchan la radio, en cualquier momento, Rubiela empieza a cantar a todo pulmón un vallenato o una balada romántica, o sus canciones preferidas de Darío Gómez o El Charrito Negro. Su voz llega a todos los rincones del lugar y es un reflejo de lo feliz que ella se siente en esta nueva etapa de su vida.

Ahora, está enfocada en sacar adelante a su familia, de disfrutar de sus nietos y sobre todo, aprovechar la nueva oportunidad que l3eda la vida. “La libertad es muy linda, es lo más hermoso que puede haber. Yo no vuelvo a estar encerrada, esa experiencia me sirvió de mucho. Salí con fuerzas de seguir adelante, sin miedo y con mucha confianza” asegura.F-Bordado-a-Mano--RC-04

Mientras tanto, está a la espera de obtener ayuda por parte de la alcaldía por ser víctima de desplazamiento intraurbano, por haber sido obligada a abandonar su barrio Santo Domingo hace unos años.  Además, espera solucionar la multa que le pusieron por vender drogas en el 2006, la cual asciende a 600 mil pesos y de la que apenas ha pagado 25 mil.

Para Rubiela, lo importante es poder demostrarles a sus hijos que ya no vende drogas, que tiene un trabajo honesto y que está arrepentida de lo que hizo. “Le pido perdón a la sociedad por el mal que hice y de ahora en adelante voy a hacer el bien y estar con la cabeza siempre en alto y sacar a mis hijos adelante, que sean buenas personas y que no se metan en lo que yo me metí”.

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Enseñar en la cárcel, alegría de Olga

El regreso a la cárcel, esta vez como instructora de bordado, es una de las experiencias más satisfactorias que ha tenido Olga Cecilia, quien aprovechó la oportunidad para enseñar una de sus pasiones, pero también para conocer nuevas personas y revivir los recuerdos de la estancia en una cárcel. Ella sigue a la espera de poder regresar a Bellavista y estar de nuevo con sus muchachos, enseñándoles a bordar.

Peter Ramírez. 15/08/2013

Ella nunca se imaginó que volvería a pisar una cárcel y, mucho menos, una de hombres. Tampoco pasó por su mente que cruzaría las puertas del encierro para desempeñarse como instructora de bordado español. Pero así le sucedió y, durante los meses que duró, fue feliz enseñando, conociendo gente y reviviendo en algo su paso tras las rejas.

El regreso de Olga Cecilia a la cárcel se dio cuando la Fundación Bordado a Mano y el Centro de Reclusión Bellavista hicieron un convenio para que un representante de la fundación, semanalmente, les enseñara la técnica de bordado español a los internos.

Cuando se enteró de la idea y le propusieron dictar el curso, no lo pensó dos veces. Era la oportunidad de enseñar bordado, una de sus pasiones. También, de estar otra vez en una cárcel, un lugar que, pese a las dificultades y tormentos que trae consigo, fue una experiencia que cambió su vida. Por eso, no le dada temor recordar esa etapa de su vida, esos ocho años y cuatro meses de encierro.Fundación Bordado a Mano-1.jpg

“Yo me animé mucho y me pareció tan rico estar allá con ellos, conocer, compartir desde mi libertad y compartir ese mundo de la cárcel. No me dio miedo y me gustó mucho la idea.  Le conté a mucha gente, a mi familia, a mis amigos y a los del colegio”, dice. Y es que en este momento, Olga está validando los grados octavo y noveno en una institución educativa de Campo Valdés.

Cuando le advirtieron que no iba a recibir dinero a cambio de sus labores en Bellavista, no le importó. Cuando le dijeron que era un voluntariado y sin ninguna remuneración solo dijo: “no le hace, con tal de que me den para los pasajes y para el tinto, yo voy”. Las ganas de enseñar bordado y estar de nuevo en una cárcel la convencieron.

De nuevo en una cárcel

Dispuesta a enseñar bordado español, y tras 20 meses de libertad, Olga llegó a Bellavista. Después de muchos meses volvía a pisar una cárcel, pero las circunstancias eran muy diferentes a cuando estuvo recluida en El Pedregal y en El Buen Pastor. Esta vez, iba como visitante y como toda una profesora. Pero, cuando vio el lugar, inevitablemente supo que aquella atmosfera le haría revivir sus momentos como interna.

“Me puse bien linda y me organicé. Cuando vi la cárcel me dio un susto. No de entrar, no de estar dentro de la reclusión. No sé explicarlo, pero el ánimo no se me cayó”, recordó una entusiasmada Olga.

Adentro en la cárcel, después de pasar los protocolos de ingreso,  llegó ante un grupo de hombres del patio 12, que esperaban dispuestos a recibir su primera clase de bordado español.

Ese primer día lo aprovechó para presentarse y decirle a sus alumnos de qué se trataba el curso. Les enseñó cosas básicas: cómo enhebrar una aguja, las medidas de las telas. Pero, su personalidad extrovertida y amigable, la llevó a aprovechar el encuentro para saber más de la vida de ellos, conocerlos, preguntarles cosas típicas de la cárcel. Quiso saber cómo estaban, desde cuándo eran internos y por qué estaban presos.

“Yo cuando llegué a la cárcel me sentí como parte de ella, retrocedí en mi tiempo. Recordé la convivencia, los alimentos, el bongo – lugar donde comen los internos – la salida, toda esa problemática que se presenta en una reclusión. Pero nada… para adelante”. Fundación- Bordado -a -Mano-2.jpg

Bordar para cambiar la rutina

Estar en la cárcel no es fácil y Olga lo sabe muy bien, su paso por aquel lugar fue un contraste de buenas y malas experiencias. Para ella lo más difícil de la vida tras las rejas es la convivencia y la monotonía, “uno tiene que aprender a convivir, porque el tener que ver las mismas caras de los guardianes y de las compañeras todo el tiempo, se va volviendo aburridor. Pero allá, usted mismo se hace la vida buena o mala”.

Por eso se entusiasmó con el curso de bordado. Sabía que era una forma de ayudarles a combatir esa rutina deprimente, que ella un día vivió en la cárcel. “La idea era que ellos manejaran una vida diferente a la extramural, que no fuera levantarse, ir al bongo, vagar y estresarse. Era sacarlos poco a poco de esa monotonía carcelaria”.

El bordado puede convertirse en una pasión y es una actividad que requiere mucho tiempo de dedicación, por eso es una actividad ideal para los internos.  “Una vez alguien del curso expresó su pereza de bordar, pero yo le decía: no hermano uno encerrado y con pereza, anímese esta es una forma de relajarse”.

Olga y sus muchachos

El curso fue dirigido en especial a la población homosexual de Bellavista. Para Olga fue una gran experiencia, quedó encantada con la calidez y la amabilidad que le brindaban. “Convivir con ellos fue muy bonito, fueron atentos, respetuosos, íntegros, dispuestos a aprender”.

Mediante las clases, Olga, quien ha vivido en carne propia el rechazo, comprendió mejor la situación de varios de los internos, que también han sido excluidos por su propia familia, por los mismos internos y por la sociedad. “Son muchas veces rechazados en esta porquería de mundo”.

Olga siempre encuentra palabras para expresar sus emociones, pero cuando recordaba su tarea en la cárcel y a su grupo de aprendices, se le quiebra la voz y sus ojos se encharcan. “No tengo palabras para decir…, aprendían rápido y se superaban cada vez más en el bordado, siempre estaban disponibles. Uno decía: ¡qué rico, vino la profe! Ellos mismos me cargaban, me invitaban a tinto, a cigarrillos, me sostenían el pelo, me decían: ¡qué tan lindas esas arrugas!”.

Bordar, una oportunidad para salir adelante

Olga aprendió bordado cuando estaba en la cárcel y sabe que para aprenderlo se requiere mucha dedicación y sobre todo mucha paciencia, porque un pequeño error daña todo un trabajo.

Por eso, y  a pesar de que reconoce no ser una persona paciente, esta vez, supo orientar su grupo con toda tranquilidad, sin afanes, siendo compresiva y corrigiéndolos con cariño. “Yo me puse en los zapatos de ellos,  cuando me decían: ‘¿cómo hago esto?’ o ‘esto me quedó mal’,  yo les respondía: ‘tranquilos mis amores, relájense, no se preocupen’ y les volvía a enseñar. Es que yo también dañé mucha tela para poder aprender. Algunos bordan muy lindo, creo que hasta mejor que yo”.

El bordado español es una técnica en la que, a través de punteadas, se crean figuras o cualquier tipo de diseño en telas de algodón, en especial en tela escocesa, para producir individuales, batolas, baberos, toallas, fundas y manteles.

La idea es que las personas aprendan el bordado español, lo practiquen como una actividad en la cárcel que les disminuya su condena, hagan sus propios productos y, más adelante, los puedan comercializar, inclusive montando una microempresa de internos.

Olga recuerda que durante los cursos, los internos bordaron tollas, individuales y portavasos. Muchos de esos productos se los daban a sus familias y otros se quedaban en la cárcel. Lo que más querían bordar eran toallas y fundas de almohadas.

Poco a poco Olga se fue ganado la confianza y el cariño de los internos y vigilantes. Ya tenía permiso de ir por los patios 2, 5, 8 y 12 para preguntar quiénes querían aprender a bordar y llevárselos a un pequeño salón para dar su clase. Cada clase semanal duraba entre 3 y 4 Fundación- Bordado -a -Mano-2.jpghoras.

El fin de los cursos y de la alegría de Olga

Desde hace algunas semanas, los cursos de bordado español ya no se dictan en Bellavista. La razón es la falta de recursos para materiales de buena calidad y para transporte. Por ello, la fundación no ha podido continuar con esta actividad. “Me quedo con la satisfacción y la alegría de que mientras estuve yendo, me devolvía cada vez más contenta, porque siempre les veía las ganas de aprender y los progresos de los bordados”.

Olga sigue a la espera de que un día la llamen y le digan que puede volver a dar sus cursos a Bellavista y, si tiene suerte, empezar el curso en El Pedregal y, de nuevo, enseñar y disfrutar el compartir unas horas con los internos.

Mientras tanto Olga, a sus 53 años, sigue vinculada a la Fundación Bordado a Mano, luego de 26 meses de libertad. Vive en la casa materna con su hermana y sigue recorriendo las calles de la ciudad, como siempre lo ha hecho. Quiere terminar su bachillerato y sigue en la búsqueda de oportunidades en una sociedad que la rechaza y le cierra las puertas, por ser pospenada. Hoy, con el apoyo de especialistas, lucha contra el consumo de drogas, que la acompañó durante 35 años de su vida. Piensa dejarlo atrás para siempre, pues fue eso lo que le quitó su libertad.

Con los ojos encharcados, recuerda el inesperado fin de los cursos, le duele no haberse podido despedir de sus muchachos, de dejar las clases a medias. Cuando las lágrimas son inevitables, dice: “qué pesar, lloro de rabia, de impotencia, por no tener yo misma materiales e ir a dar los cursos, de no poder enseñarles. Me da tristeza, además, porque ellos estaba contando con una certificación por asistir al curso. Me da verraquera y dolor no poder estar con ellos, son muy lindos”.

Jóvenes inician capacitación en manejo de telas

Con la participación de cerca de 20 personas, inició el taller de capacitación en patchwork –técnica de manejo de tela – con el objetivo de que jóvenes aprendan a crear productos con pedazos de tela y, más adelante, puedan iniciar sus propios negocios.

11/08/2013

La capacitación, que inició el 8 de agosto, es organizada por la Fundación Bordado a Mano y cuenta con el apoyo y la participación de la fundación Opción Fututo,  de la institución ALIVI y de la Corporación CRESER. Con esta iniciativa, se ayuda a que varios adolescentes encuentren y practiquen una actividad sana y que les sirva para su futuro.capacitación patchwork Fundación Bordado a Mano-4-

Dominique Bayet, presidente de la Fundación Opción Futuro, ve en esta capacitación una oportunidad para mezclar el aprendizaje y el emprendimiento. Además, esta actividad  permite “que el día de mañana ellas pongan el futuro en sus propias manos”, como explica Bayet.

La primera jornada de la capacitación sirvió para dar a conocer la técnica del patchwork y muestras de productos, como delantales, fundas, toallas, entre otros,  que durante el curso los participantes podrán hacer.

Los jóvenes, muchos de ellos menores de edad, se mostraron entusiasmados con la idea de aprender esta técnica y poder hacer sus propias creaciones para poder utilizarlas ellos mismos, regalarlas o venderlas.capacitación patchwork Fundación Bordado a Mano1

Ángela María  Botero, profesora de artística de ALIVI, reconoce que esta actividad traerá muchos beneficios a estos jóvenes.

“Nosotros traemos a la capacitación a unos jóvenes del internado. El objetivo es que aprendan un arte y que sea una puerta abierta para que el día de mañana, que salgan de la fundación, tengan con qué defenderse y apoyar a sus familias”.

La capacitación se hará todos los jueves desde las 2 de la tarde.  Las inscripciones todavía están abiertas. Para cualquier información comuníquese al teléfono: 284 60 57.

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Mujeres obtienen sustento con retazos de telas

Gracias al apoyo de otras fundaciones, Bordado a Mano pudo iniciar un nuevo proyecto que brinda trabajo a 20 mujeres. Se trata de la fabricación de carpetas hechas con retazos de telas, las cuales sirven como elemento de limpieza.

04/08/2013

Esta iniciativa comenzó el 29 de julio y ha brindado la oportunidad para que mujeres pospenadas obtengan un ingreso y ayuden al sustento de sus familias.

Una de esas mujeres es Margarita, quien llegó a la fundación en busca de trabajo después de la salir de la cárcel,  “ahora estoy muyFundación Bordado a Mano - Carpetas contenta, en la fundación me han ayudado mucho económica y moralmente”, dice.

Margarita, quien lleva 10 meses fuera de la cárcel,  ha encontrado muchas dificultades para obtener un empleo, pese a que, con el apoyo de la fundación, ha aprendido confecciones y a manejar maquina fileteadora.

Para ella, estar en fundación en sentirse valorada y sin rechazos, porque “cuando uno sale de la cárcel se encuentra con muchas limitaciones por parte de la sociedad. Me ha tocado aprender varios oficios y gracias a la fundación hoy tengo un sustento”, expresa.

Las carpetas son hechas de retazos de algodón, los cuales muchas veces son considerados como basura por las empresas.

Esta actividad permite el trabajo en equipo, pues mientras un grupo de mujeres las crea, otro las cose. Por eso, estas mujeres se han mostrado juiciosas y responsables en su labor. El producto final es enviado a otra fundación para ser distribuido en ciudades como Barranquilla y Cartagena y es usado para ayudar a la limpieza de motores y otros objetos.

Entre las personas que fabrican las carpetas se encuentran mujeres jóvenes que son amigas de la fundación quienes en compañía de mujeres pospenadas aprovechan esta oportunidad para tener un ingreso económico.

Para Cruz Elena Palacio, directora de la fundación, esta iniciativa es un ejemplo del apoyo que se les debe dar a las mujeres pospenadas,Fundación Bordado a Mano - Carpetas porque, como dice, ellas tienen “mucho talento, muchas ganas de seguir adelante y de rehacer la vida dentro de la legalidad. Hay que darles simplemente una oportunidad, porque ellas valoran mucho poder trabajar”.

Para la fundación es importante contar con el apoyo de personas y empresas que permiten ofrecer trabajo a mujeres dispuestas a iniciar una nueva vida y, como en el caso de estas 20 mujeres, Bordado a Mano espera seguir creciendo y poder brindar más y mejores oportunidades.

Galería de Fotos

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Jornada de fiesta y solidaridad en Bordado a Mano

La Fundación Bordado a Mano celebró el futuro nacimiento del hijo de una de nuestras mujeres. En una tarde llena de regalos y de buenos deseos lo más destacado fue la solidaridad que se demostró por parte de todas las personas de la fundación.

La alegría e integración que se vivió durante la celebración demuestran la calidad humana de estas mujeres en esta nueva etapa de su vida  y reafirman nuestro compromiso de brindarles oportunidades laborales y una resocilización llena de buenos valores.

 

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