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Después de la cárcel, un canto a la vida

Salir de la cárcel es una oportunidad para rehacer la vida. Y qué mejor manera de hacerlo que estar junto a la familia, tener un trabajo digno y mirar el futuro con optimismo. Esta es la historia de una de las mujeres de la Fundación a Mano, quien aprovecha y disfruta estar de nuevo en libertad.

Peter Ramírez. 28/10/2013

Hoy, tiene muchos motivos para sonreír. Recuperó la libertad, comparte los días al lado de su familia y puede mostrar sus habilidades en el trabajo que realiza. Pero, algún tiempo atrás, una amarga experiencia le quitó por unos días la sonrisa de los labios: estuvo encarcelada cinco años y tres meses.F-Bordado-a-Mano--RC-06

Rubiela Carvajal, a sus 52 años de edad, ha vivido muchos momentos duros, pero siempre se ha mantenido fuerte, optimista y ha luchado por su familia. El golpe más doloroso que ha recibido fue cuando la capturaron en su casa y delante de su familia. Ese día, su sufrimiento fue causado, más que nada, por tener que separarse de su hijo y sus tres hijas e irse a prisión con la incertidumbre sobre quién los cuidaría mientras ella no estaba.

La tercera fue la vencida

El camino que la llevó a la cárcel empezó en el 2006, cuando vendía dulces y cigarrillos en las calles del centro de Medellín. Ella vivía con sus hijos en un inquilinato del sector, en el que pagaba 10 mil pesos diarios. Las deudas y la dificultad para mantener a su familia le hicieron aceptar una propuesta que finalmente la llevaría al encierro. “Un día una compañera me dijo: ‘usted que es boba, yo veo que está muy necesitada. Trabaje como yo.  Yo le pregunté: ‘¿usted en qué trabaja?’ y ella me dijo: ‘vendiendo droga’”. Desde ese momento, Rubiela comenzó a vender bazuco y a obtener mucho más  dinero del que conseguía vendiendo chicles. “Me iba bien, yo me ganaba entre 120 y 130 mil pesos diarios y trabajaba desde las 8 hasta las 6 de la tarde”.

A pesar de que sabía los riesgos que tenía vender drogas, se sentía feliz porque podía pagar el hotel, la comida y comprarles ropa a sus hijas. Lo único que la hacía sentir nerviosa era cuando veía a ‘los verdes’. “Pero qué se va a hacer, si yo tengo la responsabilidad de no dejar aguantando hambre a mi familia”, afirma.

Con su nueva mercancía se fue a vender a Barrio Triste, donde además del bazuco, el cual costaba entre mil y dos mil pesos, vendía cigarrillos, vino, alcohol y el “cuero”, el papel que sirve para armar el bazuco o la marihuana.  F-Bordado-a-Mano--RC-03

Cuando llevaba tres meses vendiendo droga, la capturaron por primera vez. “Un día yo saqué una bolsita y de ahí cogí algo y se lo di a un muchacho que me estaba comprando, y cuando iba guardar la bolsita llegó la policía y me capturó”. En la bolsita tenía 14 bazucos. Al otro día, en la audiencia, le otorgaron la libertad condicional y le impusieron una multa.

Esa experiencia no influyó para que dejara de vender drogas. Las deudas,  la necesidad, el dinero fácil le animaron a continuar su peligrosa aventura. “Siempre pensé que me cogían y me iba a soltar, era como un juego”. Y así fue, pocos meses después, fue otra vez capturada, pero, tras el aplazamiento de la audiencia aplazada, fue dejada en libertad.

En el 2008, la policía la encontró otra vez vendiendo bazuco. De nuevo, la dejaron en libertad y otra vez su audiencia quedó aplazada. Pero ese juego del gato y el ratón no iba a durar para siempre. Después de su tercera captura, ella estaba segura que no le iba a pasar nada, inclusive le insistía a su abogado para que le avisara cuándo tenía que presentarse a la audiencia.

La captura

Un día, al llegar a casa, su hermana le contó que la habían llamado de la Fiscalía y que debía devolverles la llamada.  “Yo pensé que era para decirme qué día me tocaba la audiencia. Entonces, llamé preguntado que si me necesitaban por lo de la audiencia. Ellos me preguntaron que yo dónde estaba, que les diera la dirección, y que no me moviera. Yo les dije que aquí los espero”. La audiencia en donde le habían determinado la orden de captura ya se había hecho y ese día fueron para llevársela a la cárcel. Rubiela fue sentenciada a 60 meses de prisión, pero logró que se la rebajaran a 51.

Sobre el día que la detuvieron recuerda que lloró mucho y que al despedirse de sus hijos le dijo al mayor que cuidada a las niñas. El sufrimiento para ella era por perder a su familia y la angustia por pensar que se iban a quedar sin un hogar. Después de la captura sus hijas, menores de edad, fueron entregadas al ICBF y meses después, se fueron a vivir con una de las hermanas de Rubiela.

Amor por la familia

Rubiela nació en Andes, Antioquia. Cuando tenía dos años, su padre abandonó el hogar y dejó sola a la madre en la crianza de los hijos. Desde pequeña le ha tocado trabajar, y solo pudo estudiar hasta cuarto de primaria. A los 8 años de edad, su familia se vino a vivir al barrio Manrique, “me tocó pedir de puerta en puerta sobraditos”, recuerda de esos primeros años en Medellín.F-Bordado-a-Mano--RC-01

A los 18 años conoció a un hombre, con el que tendría tres hijos, el que la abandonaría antes de que naciera el tercero. Desde entonces, ella sola tuvo que criar a sus hijos.   “Los levanté trabajando en casas de familia. Pasamos muchos  problemas económicos, a veces les tenía dinero para el estudio y otras veces no”. Después conoció a otro hombre con el que tuvo una hija y del cual se separó, quedando otra vez sola a cargo de sus pequeños.

Cuando vivía en el barrio Santo Domingo, Rubiela fue obligada a abandonar su casa.  “Yo tenía una chazita donde vendía confites y cigarrillos, y un día un hombre me vino a comprar un cigarrillo y en ese momento ahí mismo lo mataron. El que le disparó me dijo, que me abriera o sino me pasaba lo mismo”. Ella salió del barrio con sus hijos de inmediato, dejando todas sus pertenencias y se fue a vivir al centro de Medellín. Así fue como llegó a vivir en el inquilinato hasta su captura en el 2008.

Valorar la libertad

La primera noche que ella pasó en la cárcel sufrió mucho.  “Me puse a llorar y pensaba en mis hijas y el lugar donde se iban a quedar”, recuerda. Pero el resto del tiempo de la condena no fue ningún problema, se adaptó rápidamente al encierro  y aceptó el castigo. “Yo soy consciente de lo que hice y el estar en la cárcel yo me lo busqué. Si uno hace una cosa mala, uno sabe que la debe pagar”, asegura.

Sobre los cinco años que pasó en la cárcel dice que ni los sintió y que la rutina en prisión tampoco la afectó. “La vida encerrada no es ni tan maluca ni tan feliz. La vida allá uno misma se la hace. Uno tiene que portarse bien para no tener problemas con la guardia o que le sumen la condena, o le quiten la condicional, uno debe de ser aplicado y decente”. Es más, para ella ese tiempo en la cárcel fue toda una bendición, porque como asegura, “uno aprende a valorar más a los hijos, a las personas, a la sociedad y a uno mismo. Y se da cuenta de que la libertad es muy bonita”.

Rubiela tomó la cárcel como una verdadera oportunidad de cambio y de seguir sonriéndole a la vida y no le importó el mal humor de sus compañeras de prisión o el silencio y la nostalgia que se vive en el encierro. Por eso, de vez en cuando se ponía a cantar. “Me acuerdo que algunas decían ‘miran a esta, encerrada, y cantando y riéndose’. Yo les decía ‘bueno muchachas, no vamos a pensar en nada, vamos a reírnos, a charlar a contar cuentos”.

Pero lo mejor que le sucedió en la cárcel fue la oportunidad de trabajar, porque así pudo obtener dinero para enviar cada mes a su hijos, tener derecho a rebaja de pena  y aprender el ensamble de chapas, oficio que también le ha servido para trabajar después de quedar en libertad. Rubiela trabajó para Industrias de Acero IDEACE, ganándose 75 mil pesos semanales.

Nuevo trabajo, nueva vida

Para ella, la familia es lo más importante  y desde que a los 24 años tuvo a su primer hijo, ellos han sido su prioridad y son la fuerza que hoy la hace dejar atrás su pasado y tener un trabajo digno.

Hace unos meses, aprovechando las 72 horas de permiso para salir de la cárcel, se fue para donde el juez y le solicitó que le diera la libertad, pues ella estaba segura que ya había cumplido su condena. Él le dijo que estaba a la espera de recibir los papeles por parte del centro de reclusión. Cuando ella preguntó en la cárcel por los documentos, le respondieron que los trámites para su libertad ya se estaban haciendo. “Estaba segura que ya casi me iba y yo decía: yo ya me voy, aquí no paso el día de Amor y Amistad, sino que lo paso con mis hijos”, asegura, recordando esos momentos de expectativa respecto a su libertad.F-Bordado-a-Mano--RC-02

A principios de septiembre, recibió la notificación de que saldría de la cárcel. “Yo no dormía esos días, yo decía: ¡libertad, Dios mío bendito! Cuando llegó el momento, ahí mismo llamé llorando a mi casa a mis niñas y les dije que ya podían venir a recogerme”. El 4 de septiembre pudo regresar a su hogar y cumplir su deseo de pasar el día de amor y amistad acompañada de sus hijos.

Antes de salir de la cárcel Rubiela habló con su supervisor de IDEACE y le pidió que le diera trabajo cuando ella saliera, pues sabía que a alguien que haya estado en la cárcel es difícil que le den un empleo. “Yo necesito que me tenga en cuenta en su empresa,  para el trabajo soy puntual y buena persona”, le dijo.

A los pocos días la llamaron a su casa para contarle del nuevo taller de ensamble que IDEACE iba a abrir en la Fundación Bordado a Mano. Desde entonces, Rubiela trabaja juiciosa y alegremente, siendo de las mejores trabajadoras y sobre todo contagiando con su alegría y optimismo a las otras mujeres que al igual que ella pasaron por la cárcel.

En su trabajo, sus compañeros ya se acostumbraron a que mientras escuchan la radio, en cualquier momento, Rubiela empieza a cantar a todo pulmón un vallenato o una balada romántica, o sus canciones preferidas de Darío Gómez o El Charrito Negro. Su voz llega a todos los rincones del lugar y es un reflejo de lo feliz que ella se siente en esta nueva etapa de su vida.

Ahora, está enfocada en sacar adelante a su familia, de disfrutar de sus nietos y sobre todo, aprovechar la nueva oportunidad que l3eda la vida. “La libertad es muy linda, es lo más hermoso que puede haber. Yo no vuelvo a estar encerrada, esa experiencia me sirvió de mucho. Salí con fuerzas de seguir adelante, sin miedo y con mucha confianza” asegura.F-Bordado-a-Mano--RC-04

Mientras tanto, está a la espera de obtener ayuda por parte de la alcaldía por ser víctima de desplazamiento intraurbano, por haber sido obligada a abandonar su barrio Santo Domingo hace unos años.  Además, espera solucionar la multa que le pusieron por vender drogas en el 2006, la cual asciende a 600 mil pesos y de la que apenas ha pagado 25 mil.

Para Rubiela, lo importante es poder demostrarles a sus hijos que ya no vende drogas, que tiene un trabajo honesto y que está arrepentida de lo que hizo. “Le pido perdón a la sociedad por el mal que hice y de ahora en adelante voy a hacer el bien y estar con la cabeza siempre en alto y sacar a mis hijos adelante, que sean buenas personas y que no se metan en lo que yo me metí”.

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“Ahora en libertad, quiero demostrar mis capacidades”

Pocos días después de salir de la cárcel, Sandra encontró una oportunidad de trabajo en Bordado a Mano. Así, puede iniciar una etapa diferente de su vida y ayudar a su familia. La nueva iniciativa de ensamble de piezas dará trabajo a 20 mujeres que, al igual que Sandra, quieren retomar el rumbo de sus vidas.

Peter Ramírez. 30/09/2013

Con cinco mujeres, inició el nuevo taller de ensamble de piezas en la Fundación Bordado a Mano, gracias al convenio que estableció con Industrias de Acero IDEACE. Ambas entidades pretenden brindar oportunidades laborales a personas pospenadas. fundacición-bordado-a-mano-ideace

Sandra Ballesteros, beneficiaria del proyecto, ha encontrado una gran posibilidad de recuperar la vida que perdió con su encarcelamiento y  de alimentar su convicción de no volver a la cárcel.  Ella estuvo 4 años recluida y hace tan solo dos semanas quedó en libertad, por eso quiere aprovechar al máximo su nuevo trabajo. “Ahora tengo que asentar cabeza y mirar la realidad tal cómo es. No quiero volver a la cárcel y por eso quiero superarme todo lo que más pueda”, asegura.

Para Sandra, este es su primer trabajo desde que está en libertad y se ha adaptado bien pues es un oficio que aprendió en el centro de reclusión. “En la cárcel yo aprendí a ensamblar piezas y cuando salí me enteré que la misma empresa con la que trabajé en la cárcel iba a montar un taller en la Fundación Bordado a Mano, entonces yo les dije que me tuvieran en cuenta y hace unos días me llamaron para empezar a trabajar”, dice.Fundación-Bordado-a-Mano- Ideace-

Rechazo de la sociedad

Pero no todas las personas consiguen trabajo a los pocos días de salir de la cárcel. Sandra sabe que para aquellos que cumplieron condena privativa de la libertad, se hace más difícil obtener algún medio de sustento, pues deben lidiar con el rechazo de las empresas y de la sociedad en general.

“En mi caso pensaba que iba a ser muy difícil. Nosotras salimos de la cárcel sin saber a dónde ir, sin saber qué le vamos a dar a nuestros hijos, qué vamos a comer o dónde vamos a dormir. En la cárcel sabemos que cuando salimos no nos dan tantas oportunidades y, sea cual sea el motivo por el cual el estuvimos en la cárcel, para la sociedad no tenemos derecho a nada”.

Su vida después de la cárcel está retornando a la normalidad, pues son muchas los cambios a nivel emocional, familiar, social, y económico a las que se enfrentan las personas que recobran la libertad. “Tengo que adaptarme de nuevo a la sociedad porque sé que es muy duro volver y adaptarse a la vida normal. Uno no se adapta de la noche a la mañana”.

Estos primeros días desempeñando su nueva labor, Sandra se muestra contenta por tener un trabajo digno y ser parte nuevamente de la sociedad. Por eso, agradece mucho esta posibilidad de trabajar y la ve como la mejor forma de empezar su nueva vida, “quiero demostrar que tengo muchas capacidades y que soy muy atenta. Estoy muy feliz en el trabajo, en mi casa y con mi familia. Ahora les puedo llevar a mis hijos comida digna. Agradezco todos los días por este este trabajo y por esta oportunidad de salir adelante.”

Aprovechar la oportunidad

El taller de ensamble de pares para chapas espera completar un número de 20 mujeres pospenadas en las próximas semanas.Fundación-Bordado-a-Mano- Ideace

El encargado de supervisar y enseñar la tarea de ensamblar es René García, operario de IDEACE, quien en estos primeros días de trabajo con ellas, ha visto las ganas y la responsabilidad en su labor. “Les veo buen ánimo y deseo de continuar trabajando en esta labor.  Es una oportunidad muy importante porque son personas que tienen su obligación con sus familias. Si más adelante se les brinda una oportunidad en otra empresa o con otras condiciones estoy seguro que la sabrían aprovechar”, asegura García.

Sandra, a sus 31 años,  ahora valora mucho más la libertad y sobre todo está segura que no va a volver a la cárcel. “Con esta nueva oportunidad estoy segura que no voy a volver al delinquir, tengo dos hijos y les quiero ayudar”.

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Gracias a Industrias Gales, una segunda oportunidad es posible

Desde que se fundó Bordado a Mano siempre ha contado con un gran aliado que ha creído y brindado oportunidades a las mujeres pospenadas. Se trata de Industrias Gales, una empresa del sector de autopartes que apoya la resocialización de las personas que salen de la cárcel.

13/07/2013

La empresa, como parte de su responsabilidad social, no duda en brindarles una segunda oportunidad a personas que estuvieron encarceladas. Ese apoyo ha permitido que muchas mujeres tengan trabajo y puedan rehacer su vida. “Nos vinculamos a Bordado a Mano para posibilitar que las muchachas tengan algún tipo de sustento económico y para que aprendan algún oficio”, afirma Diego Galvis, gerente de Industrias Gales.

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Bordado a Mano recibe visita del Ministerio de Justicia

La Fundación Bordado a Mano recibió con agrado y grandes expectativas la visita de la funcionaria del Ministerio de Justicia, María Mauersberger. Se espera que la fundación pueda obtener ayuda por parte del Gobierno Nacional para seguir trabajando por las mujeres pospenadas.

Peter Ramírez 17/06/2013

Mejorar las condiciones de las mujeres recluidas y brindar oportunidades para recuperar su vida cuando quedan en libertad, fueron los deseos que las mujeres de Bordado a Mano hicieron llegar al Ministerio de Justicia de Colombia, por medio de Mauersberger, el viernes 14 de junio.

Visita a la fundación Bordado a Mano

La funcionaria, nacida en Alemania, quiso conocer la fundación, pues quería enterarse de cerca sobre la labor que se hace para ayudar y ofrecer empleo a las más de 35 mujeres pospenadas, que hoy hacen parte de la misma. “Es el único proyecto de pospenadas que yo he conocido hasta ahora. Y que sea para mujeres me parece todavía mejor e interesante, porque muchas de ellas son cabezas de hogar y necesitan sacar adelante a sus hijos”, expresó Mauersberger.

Oportunidades y sede propia

La visita incluyó un diálogo con las mujeres que actualmente trabajan en la fundación, quienes aprovecharon la ocasión para solicitar ayuda al Gobierno. “Necesitamos apoyo para pagar los servicios públicos, pues algunas veces nos hemos quedado sin luz para cumplir las labores”, fue una de las sugerencias.

Las mujeres empleadas en Bordado a Mano coincidieron en que lo más importante ahora es contar con una sede propia, donde puedan trabajar cómodamente y que le permita a la fundación ahorrar el dinero que paga cada mes por la sede actual y así ampliar el número de pospenadas, pues muchas de ellas se quedan sin la oportunidad de trabajar.

Mujeres señaladas

Otro de los problemas que sufren las mujeres pospenadas es la estigmatización por parte de la sociedad y que se refleja cuando ellas buscan trabajo. Muchas de ellas han presentado entrevistas y pasado los procesos de selección en varias empresas, pero, finalmente, han sido descartadas, por sus pasados judiciales. “Ya tenemos el estigma de expresidiarias” dijeron las mujeres a la funcionaria del Ministerio de Justicia.

La mayoría de mujeres que sale de la cárcel se ve sin oportunidades laborales y muchas necesidades en sus hogares. Ante esta situación, muchas reinciden en los delitos. Por eso, piden que les brinden posibilidades para obtener ingresos, “necesitamos un jaloncito” aseguran.

Crisis carcelaria

Las mujeres de Bordado a Mano también dialogaron sobre la situación de las cárceles en la ciudad. Muchas de ellas tienen amigos o familiares allí, por eso, comentaron a Mauersberger su preocupación por la baja calidad de los servicios que se les prestan a los reclusos al interior de las prisiones. Algunas, han visto cómo las condiciones actuales se han ido deteriorando mucho más, comparado a cuando ellas estaban tras las rejas.

Desde el Ministerio de Justicia se viene trabajando para solucionar la crisis carcelaria, una de esas medidas es un nuevo Código Penitenciario, el cual se debate en el Congreso y que busca poner fin al hacinamiento, las injusticias y problemas de salud que se viven en las cárceles de todo el país. Fundación Bordado a Mano

Mauersberger, quien es trabajadora social, reconoce que en sus visitas a las cárceles de todo el país ha visto situaciones diferentes. “Algunas cárceles están muy viejas, otras funcionan mal por la mala gestión de los directores, pero hay unas con buenos programas de resocialización de mujeres mientras cumplen condena, como en Pereira y Bucaramanga”, cuenta.

“He visto casos en que la gente está sola en la cárcel y no tienen oportunidades de hacer nada, me parece una medida muy dura que ojalá se pueda cambiar”, afirma la funcionaria.

Para Cruz Elena Palacio, directora de la Fundación Bordado a Mano, la visita del Ministerio de Justicia es una oportunidad para sacar adelante la fundación y conseguir más recursos para crear nuevos cupos para mujeres pospenadas y para sacar adelante los proyectos planteados. En este momento “trabajamos con las uñas pero con mucho cariño”, dice.

Visita llena de esperanza

Con un recorrido por las instalaciones de Bordado a Mano terminó la visita de Mauersberger, en la cual pudo conocer los talleres de confecciones, de bordado y de ensamble. “Ojalá que se pueda ampliar este proyecto para que muchas más mujeres puedan trabajar y tener una base de vida. Les deseo mucha suerte”, dijo la funcionaria como despedida.

Todas las personas que trabajan en Bordado a Mano tienen la esperanza de que esta visita dé frutos en poco tiempo. En vista de que los gobiernos locales no les han brindado mucho apoyo, esperan que desde el Gobierno Nacional se pueda conseguir alguna ayuda y que el sueño de una sede propia se haga realidad. Fundación Bordado a Mano